Miguel Ángel Moratinos: Cultura y arte para el desarrollo

Miguel Ángel Moratinos

Este año se cumplirán 40 años desde que mi buen amigo Mohamed Benaissa tuvo la gran idea de organizar en su ciudad, Asilah, un festival de cultura y arte para poner en valor la historia, el presente y el futuro de esta pequeña localidad del norte de Marruecos.
Mohamed Benaissa se embarcaba así en 1978 en una apuesta valiente y arriesgada. Nos imagi-namos que cuando se lanzaron en este proyecto se plantearon varias cuestiones: ¿Por qué no utilizar la cultura y el arte como motor de desa-rrollo y progreso? ¿Por qué no hacer de lo “inútil” una excepcional “utilidad”? como diría el gran pensador italiano Nuccio Ordine, ¿por qué no lograr que una modesta localidad del norte de Marruecos se convierta en cita obligada a la hora de contemplar la evolución de los nuevos tiempos y de la “modernidad”?.
Respondieron afirmativamente a todas estas preguntas y así surgió esta iniciativa innovadora. No existía en Marruecos ni en el espacio mediterráneo un proyecto con esa ambición que fuera capaz de combinar el arte y el espíritu creativo como un motor de desarrollo económico y social de toda una región. Desde entonces, durante unos días la medina de esta ciudad se convierte en un espacio interactivo, de encuentro social y de intercambio cultural.
La pintura fue una de las primeras dimensiones escogidas por Benaissa y su equipo, la ciudad se transformaba a través de la expresión artística. En sus comienzos invitaron a una serie de amigos artistas a pintar los muros de la medina en colaboración con los habitantes de la ciudad con la intención de revitalizar el turismo y promover la interacción de los ciudadanos con el espacio urbano. Pero junto a los impresio-nantes murales, expuestos en las calles estrechas de Asilah, se fueron añadiendo nuevos elementos a la simple exposición mural, como debates culturales y encuentros artísticos.
El debate intelectual, el arte y el pensamiento, se incorporaron en esas jornadas veraniegas que atraían a artistas y a espectadores de las dos ori-llas del mediterráneo.
Era la época que nuestro amigo Benaissa ocupaba la cartera de cultura en el gobierno del rey Hassan II. Pronto le llegarían nuevas respon-sabilidades a nivel nacional e internacional y los asuntos exteriores le llevaron, naturalmente, a utilizar la diplomacia cultural de su ciudad para presentar su país a la región mediterránea, al continente africano y al mundo.
Mi vinculación con el festival, aunque es larga, puede considerarse reciente si tenemos en cuenta el largo recorrido que el festival ha rea-lizado. Fue durante mi primer año como Ministro de Asuntos Exteriores de España cuando participé por primera vez en el citado festival en el 2004. Fue un año de reencuentro y reconciliación ente Marruecos y España y el ministro Benaissa interpretó acertadamente ese deseo natural de nuestros dos pueblos de volver a estrechar nues-tros lazos de cooperación y amistad.
Su invitación fue un éxito, las gentes de Asilah me acogieron con afecto y amistad y yo traté de devolverles esos gestos con el mismo respeto y cariño con el que me recibieron. Desde el año 2004 hasta este último año, mi presencia en Asilah ha sido una cita obligada. Mi asistencia durante estos trece años me ha permitido observar la evolución del propio festival. El Festival de Asilah supo incorporar nuevas dimensiones. Además del arte y la cultura, cada año el festival dedicó amplias sesiones a debatir las grandes cuestiones de actualidad, ofreciendo un programa multidisciplinar e internacional. La temática es impresionante y explica por sí sola la clara visión que Benaissa y su equipo tenían y tienen en relación con los grandes cambios que está experimentando el mundo y toda nuestra región mediterránea. No faltaron los temas más sensibles: inmigración, refugiados, terrorismo o las crisis políticas derivadas de la primavera árabe, así como la inestabilidad permanente en Oriente Medio. Además, se discutieron sin ambages la crisis europea, el futuro del mediterráneo hasta los grandes debates políticos mundiales: la democracia y el populismo, la lucha contra el cambio climático, los retos de la energía, los Objetivos de Desarrollo Sostenible o los problemas de choque de culturas y civilizaciones. En definitiva, todas las cuestiones que afectan y afectarán a nuestro futuro común.
Para mí, Asilah fue siempre una fuente de ins-piración y conocimiento. Conocí el despertar del continente africano. Me permitió contactar con los líderes y responsables políticos de ese continente, lo que me facilitó mi tarea diplomática y negociadora cuando tuve posteriormente que lidiar con algunos contenciosos difíciles de resolver en esa parte del mundo. Califiqué sin ambages, que el festival de Asilah tenía mejores credenciales que “Davos”; el espíritu que presidia los intercambios intelectuales, la libertad de expresión, el marco de apertura y respeto mutuo es algo difícil de encontrar en otras conferencias de este tipo. Asilah merecía todo un reconocimiento por su excelente nivel intelectual y por ser uno de los pocos foros en los que personalidades de todos los continentes debaten lib-remente sobre el futuro de la humanidad. Africanos, árabes, mediterráneos, europeos, americanos, latinoamericanos y asiáticos se encontraban en esta pequeña localidad fronteriza con Europa para demostrar que en este siglo XXI es posible res-petarse mutuamente y hacer realidad ese objetivo de crear una alianza de civili-zaciones y culturas que sigue pareciendo para algunos una mera utopía.
Felicidades por esto 40 años de excelente trabajo y dedicación por la paz y el entendimiento entre pueblos y naciones de toda la humanidad. Esperamos que el festival siga defendiendo estos valores esenciales donde el arte, la cultura y el pensamiento prevalezcan frente al beneficio del corto plazo y que, en lo que en un principio pudiera parecer una “inutilidad”, se haya convertido en una necesidad útil y exitosa.
Gracias Asilah, gracias Mohamed Benaissa por estos años de enriquecimiento cultural.

Exministro de Asuntos Exteriores y
de Cooperación del Gobierno de España