Tales of Yusuf Tadrus (Los relatos de Yusuf Tadrus) de Adel Esmat

Reseña de Becki Maddock sobre Adel Esmat, Tales of Yusuf Tadrus (Los relatos de Yusuf Tadrus) (Hoopoe, El Cairo, 2018,
ISBN 978-9774168604), traducción de Mandy McClure

Yusuf Tadrus dice: “El arte es fuente de dolor y alegría”

La novela de Esmat se personifica en su introspectivo y afligido protagonista, Yusuf Tadrus, que narra la historia de su vida a un interlocutor anónimo en una serie de capítulos encabezados todos de la misma manera: “Yusuf Tadrus dice…”.
La novela resulta refrescante por dos motivos: su escenario y el protagonista. A diferencia de la mayoría de novelas egipcias, Tales of Yusuf Tadrus (en adelante, Los relatos de Yusuf Tadrus) no está ambientada en El Cairo o Alejandría, sino que se desarrolla en las ciudades provinciales de Tanta, en el Delta del Nilo, y en El Tur, en el Sinaí. A través del protagonista, que es cristiano, Esmat describe la evolución socioeconómica y religiosa de Egipto desde la década de los 60. La historia personal de Yusuf narra cómo ha sido la vida del pueblo egipcio desde entonces, comentando puntualmente acontecimientos políticos y económicos destacados, como cuando subraya: “Eso fue en el verano del 77, el comienzo de la inflación que acabó con los salarios del pueblo; el comienzo del colapso de los servicios”. En ocasiones, estos comentarios albergan ciertos elementos de nostalgia: “Eso fue a mediados de los 60; la ciudad no era lo que es ahora”.

la portada original obra editada en arabe

A través de Yusuf, Esmat aborda temas religiosos y arroja luz sobre la experiencia de ser cristiano en el Egipto moderno, donde, como en cualquier otra parte de Oriente Medio, se vive una tensión entre religiones. Yusuf observa una peligrosa tendencia de los musulmanes que viven entre musulmanes y de los cristianos que viven entre cristianos, y comenta: “Por entonces, a mediados de los 90, la mayoría de chicas iban veladas y el clasismo había empezado… el estado de ánimo general comenzó a decantarse por la segregación”.
El mismo Yusuf sufre persecuciones en el trabajo debido a su fe. En los “sombríos 90”, después de un romance ilícito con una colega musulmana, Yusuf es desterrado a trabajar a El Tur, “ese lugar remoto donde mi cristianismo también me acechó”. Su hijo, Michel, también sufre: “Su relato fue un recuento de la historia de la persecución generación tras generación”, por lo que Michel se centró en “marchar de aquí.”
Además de las experiencias propiamente egipcias, Yusuf vive dilemas más universales. La religión representa solo uno de los aspectos de la crisis de identidad que sufre: “No soy la persona cuyo rostro ven… ¿Quién soy?… El problema de la humanidad desde los al-bores de la conciencia”. Yusuf busca la paz mental, su lugar en el mundo, a él mismo. Fascinado desde joven con las luces y las sombras, Yusuf encuentra en la pintura una forma de resistir a la rigidez y el conformismo de la sociedad. La obsesión con su rostro y con la búsqueda de sí mismo le llevan a pintar 99 autorretratos, en busca de sí mismo en su propio rostro.
Existe, sin embargo, un conflicto entre su deseo de pintar y sus expectativas y las ajenas; la presión de tener que man-tener a su familia; de tener que dejar de lado los comportamientos infantiles; de conformarse; de hacer lo que se espera espera de él y seguir una vida convencional. Sin embargo, como muchos de nosotros, Yusuf se dará cuenta de que al hacer todo eso pierde algo de sí mismo. Su falta de recursos le lleva a abandonar sus estudios de bellas artes en la Universidad de Alejandría y a regresar a su Tanta natal, donde se casa, ejerce de maestro y lucha por mantener a su familia. Esmat describe vívi-damente la forma en que la vida y las expectativas ajenas y de uno mismo controlan las pasiones juveniles, que persisten bajo la superficie y hacen que uno perciba no estar siendo fiel con uno mismo o no ser verdaderamente uno mismo.
Yusuf habla también acerca del miedo, que describe como “una enfermedad de la que todavía no me he recuperado”. A los siete años Yusuf fue atropellado por un camión y “el accidente hizo que una especie de miedo se aferrara a mi interior”. Pintar le ayuda a lidiar con esa ansiedad. Su profesor de arte le dice: “pinta lo que quieras. No tengas miedo”, y él dice, “quizá desde entonces he asociado pintar con la ausencia de miedo”, añadiendo que “pintar no libra a uno del miedo, pero lo trivializa y lo hace tolerable”. Desearía poder “pintar el terror del día del accidente para librarme de él, pero resultaría forzado”.
La traducción de Mandy McClure de una novela que combina historia, experiencias humanas y reflexiones filosóf-icas resulta muy amena. McClure, que reside en El Cairo, ha traducido Arab Women Writers: A Critical Ref-erence Guide 1873-1999 (Escri-toras árabes 1873-1999. Guía crítica de referencia) (AUC Press, 2008) y cotraducido The Trad-itional Crafts of Egypt (Artesanía tradicional de Egipto) (AUC Press, 2016).

Adel Esmat

Adel Esmat nació en 1959 en la provincia de Garbiyya, Egipto. En 1984 se graduó en Filosofía en la Facultad de Artes de la Universidad Ain Shams de El Cairo. Vive en Tanta y trabaja como especialista bibliotecario para el Ministerio de Educación de Egipto. La obra Los relatos de Yusuf Tadrus es su quinta novela y en 2016 ganó la Medalla Naguib Mahfuz de Literatura.
Los ‘relatos’ de Yusuf no le atañen solamente a él sino también a Egipto y los egipcios, sobre los cuales el autor no ofrece una imagen siempre positiva. Por ejemplo, cuando Yusuf regresa a Tanta comenta: “por entonces la ciudad rebosaba humanidad. No se podía encontrar un lugar donde poner el pie”. “¿Puedes creer que solíamos quejarnos de lo que la infitah, la liberalización, había hecho en la década de los 80? No sabíamos que lo peor estaba por llegar”. La última súplica de Yusuf al final de la novela es: “Dígame una cosa, por el amor de Dios, ¿cuándo brillará la luz en este país?”.