Hassouna Mosbahi: el tránsito de un escritor versátil
El escritor tunecino Hassouna Mosbahi se ha ido sin concluir muchos de sus proyectos literarios y viajes. La muerte acechante lo detuvo cuando creía que aún contaba con tiempo suficiente para escribir alguna novela más, realizar viajes nacionales e internacionales postergados y reencontrarse con amigos. Le apasionaba conocer nuevos lugares: caminar por las calles, probar la comida y las bebidas, admirar la belleza de las mujeres y de la arquitectura, pasear por las costas, jardines y montañas, todo ello mientras cantaba a la vida por haberle concedido curiosidad, el sentido de la belleza, el don de escribir y el amor por los libros, la música y el cine.
Raúf Músad Basta, la libertad y el buen humor
Cuando me lo presentaron, aquella fría tarde de viernes, creí que me miraba con cierta desconfianza. Quizá porque le parecí demasiado convencional, demasiado serio, demasiado pequeño burgués o todo al mismo tiempo. Notó que yo, a mi vez, había reparado en que su modo de acogerme no denotaba entusiasmo y, como era persona de gran corazón, se vio impulsado a explicarme su reacción más bien fría al conocerme: «¡Yo deseaba que me tradujera una mujer!», exclamó y se echó a reír. Me reí con él y a partir de ahí se inició una relación que yo calificaría de amistad.
El valor de lo humano: los cuentos de Mohammed Al-Sharekh
La técnica literaria de Al-Sharekh se mueve con facilidad entre el narrador en primera persona o el omnisciente según el relato, y un realismo poético que, sin llegar a ser realismo mágico, produce el efecto de la profunda alteración de la realidad a través de la anagnórisis o el descubrimiento del lector de la realidad de los protagonistas del cuento. Al igual que Raymond Carver o Hemingway, Al-Sharekh cultiva la poeticidad de los silencios de sus personajes. La lectura de los cuentos de Al-Sharekh por lo tanto se convierte en un acto creativo con el autor.
Mohammed al-Sharekh y la lengua Árabe: un enriquecimiento mutuo
El nombre de Al-Sharekh me viene a la mente —aunque jamás llegué a conocerlo en persona— cada vez que me dispongo a escribir en el ordenador una obra literaria o el capítulo de una novela. En las teclas del teclado árabe se me aparece el semblante de aquel hombre que nunca traté cara a cara, pero que dejó en mí una huella imborrable. Al-Sharekh fue un pionero en conseguir desde una fecha temprana que la lengua árabe se hiciera un lugar en la tecnología y en los sistemas informáticos, algo que se habría retrasado de no ser por su proyecto al servicio de la lengua.




