LOCURA SIN ESPERANZA, Capítulo de la novela de Ghalya ‘Al Said

Traducción de Ignacio Gutiérrez de Terán Detrás del éxito obtenido por el doctor Nadim Nusra en su carrera profesional y personal había una historia excepcional...

Elias Khoury: La ciudad de los desterrados

No sé cómo a Mahmud Darwish se le ocurrió dar a Beirut la imagen de una manzana en el poema que lleva el nombre de la ciudad. Nueva York es una ciudad manzana o así la describen los neoyorquinos. Ahora tenemos dos manzanas: una grande en la costa del Atlántico y otra más pequeña a orillas del Mediterráneo. Ambas tienen innumerables aspectos comunes, ya que son dos espacios fuera del lugar: Nueva York, según Paul Auster, no es parte de Estados Unidos; y Beirut, según la trá-gica historia de la ciudad, no es parte del Líbano.

Un mismo cielo, relato de Liana Badr

Avanzábamos con paso rápido, dejando atrás el levantamiento temporal del toque de queda, después de un mes y medio de confinamiento, con la ciudad invadida de tanques y vehículos armados. Las plantas de los pies agradecían el suelo firme a pesar de la grava esparcida. Nues- tro gesto se liberaba al fin de la crispación de haber tenido que escuchar la palabrería de las tertulias políticas en los canales satélite, que discutían nuestra situación en un tono nada distinto a los de un programa de entretenimiento

El lugar, a la luz del recuerdo, poema de Widad Nabi

Traducción de Carmen Ruiz Bravo-Villasante   1 Pena. Visitar en sueños las ruinas de tu casa y volver sin que el polvo se cuele por tus dedos y se pegue...

Elías, capítulo de la novela de Ahmad Abdulatif

Soy Elías. Mi nombre es Elías. O me llamaron Elías. O dicen que me llamaron Elías. O piensan que mi nombre es Elías. Elías es el nombre y yo repito el nombre para mí mismo. Digo, por ejemplo: Lee, Elías. Vístete, Elías. Sal, Elías. Oye hablar, Elías. Haz el bien, Elías. Así todo el tiempo. Sin interrupciones. Sin cesar. Sin pausa. Así todo el tiempo de forma continuada. Y constante. Y sucesiva. Normalmente utilizo el imperativo conmigo mismo. Normalmente no obedezco al imperativo cuando sale de mí mismo. Normalmente porque yo, Elías, no me conozco a mí mismo. No me reconozco a mí mismo. No me encuentro conmigo mismo.

Secretos relato de Mohammed al-Sharekh

Era una mujer alta como una palmera, de pecho amplio que vibraba al compás de su canto, con pelo espeso y la mano apoyada en la cintura. Una voz que hendía el aire y conturbaba el fo-llaje, secundado ahora por un suave y continuo tañido de tambor. La rodeaba un círculo de personas sentadas en el suelo que aplaudían con cadencia constante y repetían el estribillo, los brazos ondeantes con destellos de plata de ajorcas y brazaletes, ademanes enérgicos, extremidades que parecían a punto de desmembrarse. Dos mujeres se metieron dentro del círculo y comenzaron a bailar, lo que fue correspondido por un griterío entre los hombres, algunos de los cuales saltaron cual delfines y se pusieron de pie moviendo los hombros con frenesí para volver a desplomarse en su sitio, atraídos por la fuerza de un imán invisible.

DETRÁS DE LA COLINA EN LA ESCARCHA: Poemas de Bassam Hajjar

¿Oyes como el silencio muele/ una colina de minutos/ o caminas?/ La habitación se termina en dos pasos/ y la ventana/ (la mujer de la limpieza viene por la mañana,/ cuelga la ventana a la pared,/ ordena el aire y la cama/ y coloca para ti en la mesa/ la copa, el cenicero y la botella de/ agua mineral)./ ¿Caminas?/ Nadie te lleva de la mano hacia el sueño/ o hacia la trampa/ y la mujer de la limpieza olvida ese día/ poner la ventana en su sitio.

Caída libre, fragmento de la novela de Aber Esber

Aquella mañana de un día caluroso, maté a mi padre.Aunque a primera vista parezca un delirio freudiano, eso fue lo que sucedió después de una riña escandalosa junto al cementerio. Subíamos las escaleras de casa tras volver de una consulta médica que nos había ocupado toda la mañana del miércoles. El calor en Damasco es insoportable. Las calles plagadas de controles de seguridad, las blasfemias lanzadas desde las ventanillas de los coches, las sirenas de las ambulancias, el ruido de bombardeos en la lejanía, el griterío de soldados…, todo te incita a cometer un gran crimen capaz de sofocar el estruendo de una ciudad que se marchita, asfi-xiada por su verano húmedo y pegajoso. Para detener este zumbido incesante tenía que matar a alguien. Y eso fue lo que hice. Maté a mi padre.

El guardia del cementerio de la Commonwealth, relato de Sofiene Rajab

Se trataba del cementerio de la Commonwealth que paradójicamente era el sitio donde valía la pena vivir. En mis momentos de tiempo libre, solía detenerme enfrente del cementerio paseando mi vista por aquellas piedras de mármol blanco pegadas a su suelo cubierto de césped y que eran las lápidas de los soldados británicos fallecidos en la Segunda Guerra Mundial. Soñaba con hacer el amor con una chica británica sobre aquel césped verde. Era, precisamente, una chica de la campiña escocesa que olía a queso y vino. Dentro del cementerio, había dos pequeñas construcciones cubiertas con tejas de color rojo que se parecían a dos pequeñas cabañas. Me decía: «Tomaré una por casa para vivir con mi amada escocesa y colgaremos un columpio en la cruz gigante instalada entre las dos construcciones». De aquellas fantasías delante del cementerio de la Commonwealth, sólo me despertaban los gritos de su viejo guardia. «¡Suelta la puerta, Mohamed!»

Raja Alem: Leyendo a los infieles en La Meca

Pero la verdadera apertura vino con La madre, de Maxim Gorki, que encontré por accidente en el cajón de mi abuelo materno. La revolución de Gorki rugió en mi mente y forjó la concepción de mi papel como agente de cambio en mi entorno. Al ser mi madre de origen ruso, la literatura rusa, ya sea La madre de Gorki o Los hermanos Karamazov de Dostoievski, es una manera que tengo de acercarme a mis raíces, que se esparcen por la superficie de la Tierra y traspasan las cortinas de acero impuestas por las organizaciones políticas. Me postré para leer, segura de la conexión de mi madre con la tierra de la cual escapó su padre cuando emigró, huyendo hacia la casa de Dios en La Meca. La literatura rusa me dejó referencias del clima inhóspito, la nieve que anula toda señal de vida, y la lucha que enfrenta el individuo contra el clima y contra los gobiernos para conseguir un cambio político.
error: Content is protected !!