Raja Alem: LEER AL MARQUÉS DE SADE EN LA MECA

¿Cómo puede haber ventanas abiertas al mundo en La Meca, con su escasez de librerías? Mi primera apertura al mundo, muy estrecha, vino dada por unos libros que robé de la mochila de mi hermano: Los tres mosqueteros, de Alexandre Dumas, y algunos libros de Arsène Lupin. Posiblemente, este robo fue una manera de reescribir la realidad que me rodeaba. Después de eso, seguí robando libros hasta que me sorprendí con Los 120 días de Sodoma, del Marqués de Sade, que nunca reconocí haber robado y que, entonces, no me atreví a leer. La verdadera apertura vino con La madre, de Maxim Gorki, que encontré por accidente en el cajón de mi abuelo materno. La revolución de Gorki rugió en mi mente y forjó la concepción de mi papel como agente de cambio en mi entorno.

QUIERO AMAR ESTA NOCHE, relato de Latifa Labsir

Escuchar la voz de Pavarotti me da la vida, su voz hace que despierte de mi letargo y recuerde que nos abandonó hace unos pocos meses. No pensé que fuera a morir mientras cantase a la vida. Hice que se alzara en cada rincón de la casa, fui a la cocina a buscar una botella de agua y recordé que también me había despedido de los ancianos hacía unos pocos meses. Se habían retirado de la ventana, sin permiso ni previo aviso. Fue un extraño repliegue. De repente, una hermosa mañana, el viejo soltó un grito y salí disparada como una loca hacia su casa de siempre. Su esposa se había ido sin más preámbulos y él se quedó ante mí. Supe que estaba muerto a partir de ese momento, si bien, aún tuvieron que pasar dos meses desde la desaparición de la esposa antes de que se rindiera, encomendándome una última voluntad letal. Me entregó las llaves de su guarida llena de ceremonias, pasado, recuerdos y sueños, y me encargó que esperara al hijo que podría regresar o no volver nunca.

Mirar a Marte desde Marrakech, un relato del marroquí-holandés Abdelkader Benali

  Traducción del holandés: Guillermo Briz   1 Tenía mal recuerdo de Marrakech. No siempre había sido así: la ciudad lo había dejado sin aliento la primera vez....

Perros callejeros, un relato del líbano-canadiense Rawi Hage

  Traducción del inglés: Esther Hernández Cuando Samir Maarouf fue invitado a Tokio a participar en una conferencia sobre fotografía japonesa, aceptó de inmediato. Luego, sentado en...

El cadáver, Un relato de la iraqí Salima Salih,

Al-Qásimi se percató de que el asunto estaba tomando unos derroteros ciertamente peligrosos, tal y como había sospechado que podría ocurrir, y se giró hacia su hermano en busca de apoyo. Éste le hizo un gesto como de renuncia. No merecía la pena. Se pusieron al lado del cuarto cadáver de la fila, y el otro sentenció: “Firma el acuse de recibo”. Firmó la hoja por donde le decía el sargento y volvió a ponerse junto a su hermano. Auparon el cadáver entre los dos y salieron a la calle, donde el taxi continuaba esperándolos.

LA CALLE DE LOS CRISANTEMOS, Un relato de la tunecina Rachida...

Pero la pasividad de la gente acrecentó el empeño de la mujer. En su interior se desató una rabia ciega. Intentó proporcionar a sus uñas una fuerza equivalente a la del cuchillo que se blandía ante su cara, moviéndolas con destreza en torno al arma y buscando un hueco por el que llegar hasta el rostro del hombre, mientras mascullaba con determinación: «Aunque tenga todas las armas del mundo, no voy a dejar que se lleve mi collar».

Antes que el cobre y la fotografía, Un poema del emirati...

Antes que el cobre y la fotografía, antes que los molinos, las elegías y la fiebre amarilla, nació el universo, muerto y cercenado por el cuello como un saxofón, entre la furia de los rayos y la desolación de las criaturas, ocultándose de repente su luz tras las alturas. Unas voces proclamaron: Una mano mágica lo ha salvado desde Oriente; le ha quitado la túnica púrpura y el lácteo cinturón ancho, retirado de sus hombros la adarga de la certeza y recogido a cucharadas la sangre derramada. Después, enjuagó la guadaña del degüello para limpiar los gritos. Suturó las profundas heridas. Colocó el triste cráneo nivoso. Lo sacudió siete veces de la espalda hasta quebrarle los huesos, le frotó la planta de los pies con un imán y, lentamente, le retiró de la boca el largo estertor de la muerte.

El saco de trigo- Un testimonio literario de la escritora jordana...

En este testimonio literario, Kafa Al Zoubi nos cuenta el inicio de su relación con el mundo de los libros en Jordania, siendo una muchacha joven, a través de leer a Emily y Charlotte Brönte y Los Miserables de Victor Hugo; así como en la Unión Soviética, donde se mudó para estudiar y descubrió a los grandes de la literatura rusa: Pushkin, Gógol, Chéjov, Nekrásov, Turguénev y muchos otros que fueron seguidos por Dostoievski. “Este extraordinario filósofo estaba interesado por el rescate de Rusia y por descubrir las almas de las personas atormentadas.”

“Los bigotes de Mordechai y los gatos de su mujer” Un...

Mordechai se aprestó a vivir una vida de relajo en aquella casa que se había quedado en exclusiva para ellos. Estela pensaba más o menos lo mismo. Ya habían superado los cincuenta, y tenían derecho a pasar lo que les quedaba de existencia en armonía y tranquilidad. E hicieron los preparativos: Estela trajo tres gatos: dos, con pelaje ceniciento, y un tercero, negro y de ojo fulgentes, que pronto se convirtió en su favorito por las audaces e insospechadas iniciativas que se le ocurrían. Mordechai se dejó crecer el bigote, hasta cubrir por completo el flanco inferior -le seguía tirando mucho la terminología castrense- de su rostro.

“La mujer que ha habitado la casa antes que yo” un...

Había un espejo grande en la puerta del dormitorio cada vez que me ponía frente a él veía la cara de la mujer que habitaba en la casa antes que yo, la mujer que no conozco, pero descubrí los detalles de sus secretos una historia tras otra cada vez que me pongo frente a él el espejo grande en la puerta del dormitorio, aquel que puso la mujer solitaria que habitaba la casa antes que yo.
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