El guardia del cementerio de la Commonwealth, relato de Sofiene Rajab

Se trataba del cementerio de la Commonwealth que paradójicamente era el sitio donde valía la pena vivir. En mis momentos de tiempo libre, solía detenerme enfrente del cementerio paseando mi vista por aquellas piedras de mármol blanco pegadas a su suelo cubierto de césped y que eran las lápidas de los soldados británicos fallecidos en la Segunda Guerra Mundial. Soñaba con hacer el amor con una chica británica sobre aquel césped verde. Era, precisamente, una chica de la campiña escocesa que olía a queso y vino. Dentro del cementerio, había dos pequeñas construcciones cubiertas con tejas de color rojo que se parecían a dos pequeñas cabañas. Me decía: «Tomaré una por casa para vivir con mi amada escocesa y colgaremos un columpio en la cruz gigante instalada entre las dos construcciones». De aquellas fantasías delante del cementerio de la Commonwealth, sólo me despertaban los gritos de su viejo guardia. «¡Suelta la puerta, Mohamed!»

LA CALLE DE LOS CRISANTEMOS, Un relato de la tunecina Rachida...

Traducción: ALVARO ABELLA VILLAR Cuando lo vio acercarse en su dirección, silbando y tarareando, y cuando se detuvo ante ella para preguntarle muy educadamente si...

QUIERO AMAR ESTA NOCHE, relato de Latifa Labsir

Escuchar la voz de Pavarotti me da la vida, su voz hace que despierte de mi letargo y recuerde que nos abandonó hace unos pocos meses. No pensé que fuera a morir mientras cantase a la vida. Hice que se alzara en cada rincón de la casa, fui a la cocina a buscar una botella de agua y recordé que también me había despedido de los ancianos hacía unos pocos meses. Se habían retirado de la ventana, sin permiso ni previo aviso. Fue un extraño repliegue. De repente, una hermosa mañana, el viejo soltó un grito y salí disparada como una loca hacia su casa de siempre. Su esposa se había ido sin más preámbulos y él se quedó ante mí. Supe que estaba muerto a partir de ese momento, si bien, aún tuvieron que pasar dos meses desde la desaparición de la esposa antes de que se rindiera, encomendándome una última voluntad letal. Me entregó las llaves de su guarida llena de ceremonias, pasado, recuerdos y sueños, y me encargó que esperara al hijo que podría regresar o no volver nunca.

“Los bigotes de Mordechai y los gatos de su mujer” Un...

Traducción: Ignacio Gutiérrez de Terán   Mordechai es una persona corriente, de esas que abundan a millares en Tel Aviv (él dice que no, que como...

Antes que el cobre y la fotografía, Un poema del emirati...

Traducción: Jaafar Al aluni Antes que el cobre y la fotografía, antes que los molinos, las elegías y la fiebre amarilla, nació el universo, muerto...

Raja Alem: Leyendo a los infieles en La Meca

Pero la verdadera apertura vino con La madre, de Maxim Gorki, que encontré por accidente en el cajón de mi abuelo materno. La revolución de Gorki rugió en mi mente y forjó la concepción de mi papel como agente de cambio en mi entorno. Al ser mi madre de origen ruso, la literatura rusa, ya sea La madre de Gorki o Los hermanos Karamazov de Dostoievski, es una manera que tengo de acercarme a mis raíces, que se esparcen por la superficie de la Tierra y traspasan las cortinas de acero impuestas por las organizaciones políticas. Me postré para leer, segura de la conexión de mi madre con la tierra de la cual escapó su padre cuando emigró, huyendo hacia la casa de Dios en La Meca. La literatura rusa me dejó referencias del clima inhóspito, la nieve que anula toda señal de vida, y la lucha que enfrenta el individuo contra el clima y contra los gobiernos para conseguir un cambio político.

Elias Khoury: La ciudad de los desterrados

No sé cómo a Mahmud Darwish se le ocurrió dar a Beirut la imagen de una manzana en el poema que lleva el nombre de la ciudad. Nueva York es una ciudad manzana o así la describen los neoyorquinos. Ahora tenemos dos manzanas: una grande en la costa del Atlántico y otra más pequeña a orillas del Mediterráneo. Ambas tienen innumerables aspectos comunes, ya que son dos espacios fuera del lugar: Nueva York, según Paul Auster, no es parte de Estados Unidos; y Beirut, según la trá-gica historia de la ciudad, no es parte del Líbano.

El saco de trigo- Un testimonio literario de la escritora jordana...

En este testimonio literario, Kafa Al Zoubi nos cuenta el inicio de su relación con el mundo de los libros en Jordania, siendo una muchacha joven, a través de leer a Emily y Charlotte Brönte y Los Miserables de Victor Hugo; así como en la Unión Soviética, donde se mudó para estudiar y descubrió a los grandes de la literatura rusa: Pushkin, Gógol, Chéjov, Nekrásov, Turguénev y muchos otros que fueron seguidos por Dostoievski. “Este extraordinario filósofo estaba interesado por el rescate de Rusia y por descubrir las almas de las personas atormentadas.”

“LA UTOPÍA DE LAS TUMBAS” Un poema del egipcio Ahmad Yamani

Madre mía, te lo ruego, cuando sepas que he entrado en mi nueva casa, no llores, pues quiero atesorar tus ojos para los días venideros. Estate tranquila, mueve la cabeza tres veces, y envía un beso de aire. Haré un alboroto con mis amigos aquí, y ellos me felicitarán por mi nueva casa. Entornaré la puerta, a la espera de tu beso. Y cuando tengas una nueva casa, como yo, que esté cerca de mí, te lo ruego, para que pueda oír tu respiración. Respiraré casi sin dolor, y mi muerte tendrá esa imagen final que me he esforzado mucho en hacer

Sargon Boulus: POESÍA Y MEMORIA

El poeta trata el tiempo mientras se escapa de sus dedos gota a gota, y luego se vaporiza hasta volverse nada. En uno de sus poemas amorosos, Ghalib dice: "La gota que no se convierte en un río se la bebe la arena"(1). Una y otra vez, cuando escribo, descubro que no recuerdo el pasado, ni recuerdo una persona, un lugar, una escena, una voz o una canción sino que recuerdo, ante todo, las palabras. Las palabras y sus reverberaciones en mi memoria.
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