El cadáver, Un relato de la iraqí Salima Salih,

Al-Qásimi se percató de que el asunto estaba tomando unos derroteros ciertamente peligrosos, tal y como había sospechado que podría ocurrir, y se giró hacia su hermano en busca de apoyo. Éste le hizo un gesto como de renuncia. No merecía la pena. Se pusieron al lado del cuarto cadáver de la fila, y el otro sentenció: “Firma el acuse de recibo”. Firmó la hoja por donde le decía el sargento y volvió a ponerse junto a su hermano. Auparon el cadáver entre los dos y salieron a la calle, donde el taxi continuaba esperándolos.

“Los bigotes de Mordechai y los gatos de su mujer” Un...

Traducción: Ignacio Gutiérrez de Terán   Mordechai es una persona corriente, de esas que abundan a millares en Tel Aviv (él dice que no, que como...

El saco de trigo- Un testimonio literario de la escritora jordana...

En este testimonio literario, Kafa Al Zoubi nos cuenta el inicio de su relación con el mundo de los libros en Jordania, siendo una muchacha joven, a través de leer a Emily y Charlotte Brönte y Los Miserables de Victor Hugo; así como en la Unión Soviética, donde se mudó para estudiar y descubrió a los grandes de la literatura rusa: Pushkin, Gógol, Chéjov, Nekrásov, Turguénev y muchos otros que fueron seguidos por Dostoievski. “Este extraordinario filósofo estaba interesado por el rescate de Rusia y por descubrir las almas de las personas atormentadas.”

“La mujer que ha habitado la casa antes que yo” un...

Había un espejo grande en la puerta del dormitorio cada vez que me ponía frente a él veía la cara de la mujer que habitaba en la casa antes que yo, la mujer que no conozco, pero descubrí los detalles de sus secretos una historia tras otra cada vez que me pongo frente a él el espejo grande en la puerta del dormitorio, aquel que puso la mujer solitaria que habitaba la casa antes que yo.

Mirar a Marte desde Marrakech, un relato del marroquí-holandés Abdelkader Benali

  Traducción del holandés: Guillermo Briz   1 Tenía mal recuerdo de Marrakech. No siempre había sido así: la ciudad lo había dejado sin aliento la primera vez....

El guardia del cementerio de la Commonwealth, relato de Sofiene Rajab

Se trataba del cementerio de la Commonwealth que paradójicamente era el sitio donde valía la pena vivir. En mis momentos de tiempo libre, solía detenerme enfrente del cementerio paseando mi vista por aquellas piedras de mármol blanco pegadas a su suelo cubierto de césped y que eran las lápidas de los soldados británicos fallecidos en la Segunda Guerra Mundial. Soñaba con hacer el amor con una chica británica sobre aquel césped verde. Era, precisamente, una chica de la campiña escocesa que olía a queso y vino. Dentro del cementerio, había dos pequeñas construcciones cubiertas con tejas de color rojo que se parecían a dos pequeñas cabañas. Me decía: «Tomaré una por casa para vivir con mi amada escocesa y colgaremos un columpio en la cruz gigante instalada entre las dos construcciones». De aquellas fantasías delante del cementerio de la Commonwealth, sólo me despertaban los gritos de su viejo guardia. «¡Suelta la puerta, Mohamed!»

Perros callejeros, un relato del líbano-canadiense Rawi Hage

  Traducción del inglés: Esther Hernández Cuando Samir Maarouf fue invitado a Tokio a participar en una conferencia sobre fotografía japonesa, aceptó de inmediato. Luego, sentado en...

Raja Alem: Leyendo a los infieles en La Meca

Pero la verdadera apertura vino con La madre, de Maxim Gorki, que encontré por accidente en el cajón de mi abuelo materno. La revolución de Gorki rugió en mi mente y forjó la concepción de mi papel como agente de cambio en mi entorno. Al ser mi madre de origen ruso, la literatura rusa, ya sea La madre de Gorki o Los hermanos Karamazov de Dostoievski, es una manera que tengo de acercarme a mis raíces, que se esparcen por la superficie de la Tierra y traspasan las cortinas de acero impuestas por las organizaciones políticas. Me postré para leer, segura de la conexión de mi madre con la tierra de la cual escapó su padre cuando emigró, huyendo hacia la casa de Dios en La Meca. La literatura rusa me dejó referencias del clima inhóspito, la nieve que anula toda señal de vida, y la lucha que enfrenta el individuo contra el clima y contra los gobiernos para conseguir un cambio político.

Caída libre, fragmento de la novela de Aber Esber

Aquella mañana de un día caluroso, maté a mi padre.Aunque a primera vista parezca un delirio freudiano, eso fue lo que sucedió después de una riña escandalosa junto al cementerio. Subíamos las escaleras de casa tras volver de una consulta médica que nos había ocupado toda la mañana del miércoles. El calor en Damasco es insoportable. Las calles plagadas de controles de seguridad, las blasfemias lanzadas desde las ventanillas de los coches, las sirenas de las ambulancias, el ruido de bombardeos en la lejanía, el griterío de soldados…, todo te incita a cometer un gran crimen capaz de sofocar el estruendo de una ciudad que se marchita, asfi-xiada por su verano húmedo y pegajoso. Para detener este zumbido incesante tenía que matar a alguien. Y eso fue lo que hice. Maté a mi padre.

“LA UTOPÍA DE LAS TUMBAS” Un poema del egipcio Ahmad Yamani

Madre mía, te lo ruego, cuando sepas que he entrado en mi nueva casa, no llores, pues quiero atesorar tus ojos para los días venideros. Estate tranquila, mueve la cabeza tres veces, y envía un beso de aire. Haré un alboroto con mis amigos aquí, y ellos me felicitarán por mi nueva casa. Entornaré la puerta, a la espera de tu beso. Y cuando tengas una nueva casa, como yo, que esté cerca de mí, te lo ruego, para que pueda oír tu respiración. Respiraré casi sin dolor, y mi muerte tendrá esa imagen final que me he esforzado mucho en hacer
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