El guardia del cementerio de la Commonwealth, relato de Sofiene Rajab

Se trataba del cementerio de la Commonwealth que paradójicamente era el sitio donde valía la pena vivir. En mis momentos de tiempo libre, solía detenerme enfrente del cementerio paseando mi vista por aquellas piedras de mármol blanco pegadas a su suelo cubierto de césped y que eran las lápidas de los soldados británicos fallecidos en la Segunda Guerra Mundial. Soñaba con hacer el amor con una chica británica sobre aquel césped verde. Era, precisamente, una chica de la campiña escocesa que olía a queso y vino. Dentro del cementerio, había dos pequeñas construcciones cubiertas con tejas de color rojo que se parecían a dos pequeñas cabañas. Me decía: «Tomaré una por casa para vivir con mi amada escocesa y colgaremos un columpio en la cruz gigante instalada entre las dos construcciones». De aquellas fantasías delante del cementerio de la Commonwealth, sólo me despertaban los gritos de su viejo guardia. «¡Suelta la puerta, Mohamed!»

“La mujer que ha habitado la casa antes que yo” un...

Había un espejo grande en la puerta del dormitorio cada vez que me ponía frente a él veía la cara de la mujer que habitaba en la casa antes que yo, la mujer que no conozco, pero descubrí los detalles de sus secretos una historia tras otra cada vez que me pongo frente a él el espejo grande en la puerta del dormitorio, aquel que puso la mujer solitaria que habitaba la casa antes que yo.

Elías, capítulo de la novela de Ahmad Abdulatif

Soy Elías. Mi nombre es Elías. O me llamaron Elías. O dicen que me llamaron Elías. O piensan que mi nombre es Elías. Elías es el nombre y yo repito el nombre para mí mismo. Digo, por ejemplo: Lee, Elías. Vístete, Elías. Sal, Elías. Oye hablar, Elías. Haz el bien, Elías. Así todo el tiempo. Sin interrupciones. Sin cesar. Sin pausa. Así todo el tiempo de forma continuada. Y constante. Y sucesiva. Normalmente utilizo el imperativo conmigo mismo. Normalmente no obedezco al imperativo cuando sale de mí mismo. Normalmente porque yo, Elías, no me conozco a mí mismo. No me reconozco a mí mismo. No me encuentro conmigo mismo.

El cadáver, Un relato de la iraqí Salima Salih,

Al-Qásimi se percató de que el asunto estaba tomando unos derroteros ciertamente peligrosos, tal y como había sospechado que podría ocurrir, y se giró hacia su hermano en busca de apoyo. Éste le hizo un gesto como de renuncia. No merecía la pena. Se pusieron al lado del cuarto cadáver de la fila, y el otro sentenció: “Firma el acuse de recibo”. Firmó la hoja por donde le decía el sargento y volvió a ponerse junto a su hermano. Auparon el cadáver entre los dos y salieron a la calle, donde el taxi continuaba esperándolos.

El lugar, a la luz del recuerdo, poema de Widad Nabi

Traducción de Carmen Ruiz Bravo-Villasante   1 Pena. Visitar en sueños las ruinas de tu casa y volver sin que el polvo se cuele por tus dedos y se pegue...

DETRÁS DE LA COLINA EN LA ESCARCHA: Poemas de Bassam Hajjar

¿Oyes como el silencio muele/ una colina de minutos/ o caminas?/ La habitación se termina en dos pasos/ y la ventana/ (la mujer de la limpieza viene por la mañana,/ cuelga la ventana a la pared,/ ordena el aire y la cama/ y coloca para ti en la mesa/ la copa, el cenicero y la botella de/ agua mineral)./ ¿Caminas?/ Nadie te lleva de la mano hacia el sueño/ o hacia la trampa/ y la mujer de la limpieza olvida ese día/ poner la ventana en su sitio.

Raja Alem: Leyendo a los infieles en La Meca

Pero la verdadera apertura vino con La madre, de Maxim Gorki, que encontré por accidente en el cajón de mi abuelo materno. La revolución de Gorki rugió en mi mente y forjó la concepción de mi papel como agente de cambio en mi entorno. Al ser mi madre de origen ruso, la literatura rusa, ya sea La madre de Gorki o Los hermanos Karamazov de Dostoievski, es una manera que tengo de acercarme a mis raíces, que se esparcen por la superficie de la Tierra y traspasan las cortinas de acero impuestas por las organizaciones políticas. Me postré para leer, segura de la conexión de mi madre con la tierra de la cual escapó su padre cuando emigró, huyendo hacia la casa de Dios en La Meca. La literatura rusa me dejó referencias del clima inhóspito, la nieve que anula toda señal de vida, y la lucha que enfrenta el individuo contra el clima y contra los gobiernos para conseguir un cambio político.

LA CALLE DE LOS CRISANTEMOS, Un relato de la tunecina Rachida...

Traducción: ALVARO ABELLA VILLAR Cuando lo vio acercarse en su dirección, silbando y tarareando, y cuando se detuvo ante ella para preguntarle muy educadamente si...

LOCURA SIN ESPERANZA, Capítulo de la novela de Ghalya ‘Al Said

Traducción de Ignacio Gutiérrez de Terán Detrás del éxito obtenido por el doctor Nadim Nusra en su carrera profesional y personal había una historia excepcional...

“LA UTOPÍA DE LAS TUMBAS” Un poema del egipcio Ahmad Yamani

Madre mía, te lo ruego, cuando sepas que he entrado en mi nueva casa, no llores, pues quiero atesorar tus ojos para los días venideros. Estate tranquila, mueve la cabeza tres veces, y envía un beso de aire. Haré un alboroto con mis amigos aquí, y ellos me felicitarán por mi nueva casa. Entornaré la puerta, a la espera de tu beso. Y cuando tengas una nueva casa, como yo, que esté cerca de mí, te lo ruego, para que pueda oír tu respiración. Respiraré casi sin dolor, y mi muerte tendrá esa imagen final que me he esforzado mucho en hacer
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