El cementerio de Père Lachaise, de Samuel Shimon

A lo mejor dice que le conoce y no es verdad, monsieur. Me contó que lleva cinco noches fijándose en la ventana de su cuarto, escuchando el tableteo de su máquina de escribir, admirado de que siga escribiendo tan rápido. Dijo que usted le hizo escribir su nombre con esa misma máquina, hace años. Que le regaló una camiseta con unas montañas, un sol, unos jardines y dos enamorados en una barca, frente a una casa a la que daba sombra una palmera de gran tamaño. También dijo que cuando usted alquiló la primera habitación en su vida, le compró un papel de pared con un estampado de peces, flores y mujeres desnudas, tendidas a la sobra de un palmeral, en una playa de Honolulu o Tahití. Le llamaba, contó, “The liar”, porque le quería. También me dijo que usted fue la única persona a la que reveló el romance que tuvo con aquella chica que acabó abandonándolo. Por ello, se vio obligado a salir de su país, a donde ya no regresó jamás en vida. Estaba muy triste: no puede ser que usted se halle en París, tan cerca de él, y no haya ido a visitarlo.

QUIERO AMAR ESTA NOCHE, relato de Latifa Labsir

Escuchar la voz de Pavarotti me da la vida, su voz hace que despierte de mi letargo y recuerde que nos abandonó hace unos pocos meses. No pensé que fuera a morir mientras cantase a la vida. Hice que se alzara en cada rincón de la casa, fui a la cocina a buscar una botella de agua y recordé que también me había despedido de los ancianos hacía unos pocos meses. Se habían retirado de la ventana, sin permiso ni previo aviso. Fue un extraño repliegue. De repente, una hermosa mañana, el viejo soltó un grito y salí disparada como una loca hacia su casa de siempre. Su esposa se había ido sin más preámbulos y él se quedó ante mí. Supe que estaba muerto a partir de ese momento, si bien, aún tuvieron que pasar dos meses desde la desaparición de la esposa antes de que se rindiera, encomendándome una última voluntad letal. Me entregó las llaves de su guarida llena de ceremonias, pasado, recuerdos y sueños, y me encargó que esperara al hijo que podría regresar o no volver nunca.

Mirar a Marte desde Marrakech, un relato del marroquí-holandés Abdelkader Benali

  Traducción del holandés: Guillermo Briz   1 Tenía mal recuerdo de Marrakech. No siempre había sido así: la ciudad lo había dejado sin aliento la primera vez....

Perros callejeros, un relato del líbano-canadiense Rawi Hage

  Traducción del inglés: Esther Hernández Cuando Samir Maarouf fue invitado a Tokio a participar en una conferencia sobre fotografía japonesa, aceptó de inmediato. Luego, sentado en...

El cadáver, Un relato de la iraqí Salima Salih,

Al-Qásimi se percató de que el asunto estaba tomando unos derroteros ciertamente peligrosos, tal y como había sospechado que podría ocurrir, y se giró hacia su hermano en busca de apoyo. Éste le hizo un gesto como de renuncia. No merecía la pena. Se pusieron al lado del cuarto cadáver de la fila, y el otro sentenció: “Firma el acuse de recibo”. Firmó la hoja por donde le decía el sargento y volvió a ponerse junto a su hermano. Auparon el cadáver entre los dos y salieron a la calle, donde el taxi continuaba esperándolos.

LA CALLE DE LOS CRISANTEMOS, Un relato de la tunecina Rachida...

Traducción: ALVARO ABELLA VILLAR Cuando lo vio acercarse en su dirección, silbando y tarareando, y cuando se detuvo ante ella para preguntarle muy educadamente si...

Antes que el cobre y la fotografía, Un poema del emirati...

Traducción: Jaafar Al aluni Antes que el cobre y la fotografía, antes que los molinos, las elegías y la fiebre amarilla, nació el universo, muerto...

El saco de trigo- Un testimonio literario de la escritora jordana...

En este testimonio literario, Kafa Al Zoubi nos cuenta el inicio de su relación con el mundo de los libros en Jordania, siendo una muchacha joven, a través de leer a Emily y Charlotte Brönte y Los Miserables de Victor Hugo; así como en la Unión Soviética, donde se mudó para estudiar y descubrió a los grandes de la literatura rusa: Pushkin, Gógol, Chéjov, Nekrásov, Turguénev y muchos otros que fueron seguidos por Dostoievski. “Este extraordinario filósofo estaba interesado por el rescate de Rusia y por descubrir las almas de las personas atormentadas.”

“Los bigotes de Mordechai y los gatos de su mujer” Un...

Traducción: Ignacio Gutiérrez de Terán   Mordechai es una persona corriente, de esas que abundan a millares en Tel Aviv (él dice que no, que como...

“La mujer que ha habitado la casa antes que yo” un...

Había un espejo grande en la puerta del dormitorio cada vez que me ponía frente a él veía la cara de la mujer que habitaba en la casa antes que yo, la mujer que no conozco, pero descubrí los detalles de sus secretos una historia tras otra cada vez que me pongo frente a él el espejo grande en la puerta del dormitorio, aquel que puso la mujer solitaria que habitaba la casa antes que yo.
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