DETRÁS DE LA COLINA EN LA ESCARCHA: Poemas de Bassam Hajjar

 

Traducción e introducción de María Luisa Prieto

Bassam Hajjar (1955-2009)

Hace diez años y unos meses nos dejó prematuramente Bassam Hajjar, tras su amarga e intensa lucha contra esa maligna enfermedad que cuesta nombrar, y su partida fue un silencio trágico y violento: la muerte se había adelantado a su cita, impidiéndole completar su experiencia poética e intelectual. Se fue como siempre había vivido, tranquilo y ligero, rodeado de sus pequeñas cosas en la costera ciudad de Sidón, a distancia de Beirut y del bullicio de sus cafés y del estilo de vida de otros poetas, como queriendo pasar de puntillas por la poesía para hacer el menor ruido posible. La prensa árabe recogió la noticia lamentando la pérdida de uno de los poetas más importantes de la generación de los años ochenta, un poeta único con un estilo muy personal, fruto de su amplia y profunda formación intelectual y de su propia experiencia vital.
Un poco antes del décimo aniversario de su muerte, y coincidiendo con la Feria Internacional del Libro de Beirut, se publicaron sus obras completas, en dos tomos, con un estudio inicial del poeta iraquí Ali Mahmoud Khudair, en el que escribió: «Bassam Hajjar reunió en su poesía características que eran un signo de individualidad que durante mucho tiempo buscaron los exploradores creativos que presentaron su prueba en la escritura. Bassam escribió sobre la afabilidad, el silencio, la ausencia y la familia, y elevó el edificio de su poesía con los adobes del pensamiento, de la filosofía y del patrimonio poético mundial, apoyado en cultura, visión y agudeza mental. Es un poeta de minorías, en el sentido de que es un poeta de profundidad, no de exceso, de susurros, no de gritos. Sus temas son limitados pero los trata de forma compleja. Hizo del poema en prosa su poema vital, flexible, para un lector de un nivel diferente. Utilizaba el lenguaje como experiencia vital. Bassam sintió la oportunidad de observar la experiencia vivida a medida que se convertía en lenguaje. Por eso combina simplicidad y profundidad al mismo tiempo».
Como otros poetas de su generación, se inclinó por el poema en prosa, cuya aparición a finales de los años setenta llegó a constituir un punto de inflexión en el camino poético de toda una generación en busca de nuevos horizontes y cuajó en lo que se considera el segundo giro de la modernidad en la poesía árabe contemporánea. Es hijo de esa estética poética que no fue silenciada por la guerra, como él mismo confesó en una entrevista: «Viví la guerra de los años ochenta en el Líbano, y salté del camión militar a la bicicleta del cartero para distribuir los mensajes contra la muerte. Mientras las luchas probaban sus pesadas armas con cuerpos, yo estaba experimentando con la poesía para crear mi propio camino».
Fue uno de los poetas más cultos y con una misteriosa relación entre la naturaleza de su texto poético y su apariencia personal, tímida y profunda, ajeno al destello de la vida cultural y su superficial ajetreo. Sin establecer una separación entre poesía, pensamiento y vida cotidiana, realizaba su juego poético con una gran austeridad, despojándose de su amplia cultura filosófica y literaria para quedarse con las palabras esenciales, entrelazadas en el contexto de significados sutiles, sin alardes rítmicos, dejando las imágenes reducidas al mínimo para lograr una producción poética con su propia peculiaridad estética, con diversas posibilidades de interpretación, que obliga al lector a ir al silencio del poema y explorar su clamor oculto.
Nacido en Tiro (Líbano), el 13 de agosto de 1955, realizó estudios de Filosofía en la Universidad del Líbano y se graduó en la Universidad de la Sorbona de París. Trabajó como periodista desde 1979 en los periódicos al-Nida, al-Nahar (del que fue uno de los fundadores del suplemento literario semanal) y al-Safir, fue editor cultural de algunos de los periódicos libaneses más importantes, como Nawafiz y al-Mustaqbal, y muchos de sus artículos y traducciones fueron publicados en diversos periódicos y revistas árabes. Como intelectual y poeta, participó en diversos congresos sobre cultura árabe y en festivales poéticos en diversas ciudades árabes, europeas y americanas, entre ellas Amman, París, Copenhague o Medellín.
Se puede considerar que su trayectoria poética avanza de forma paralela a su experiencia vital. Como reconoció en una entrevista para el periódico al-Hayat: «No puedo escribir sentimientos abstractos. Cuando estoy aislado –y éste es un sentimiento profundo- escribo sobre el aislamiento, cuando estoy enamorado –y no hay un momento en mi vida en que no esté enamorado- escribo sobre el amor hacia esa persona específica y no en abstracto. Cuando siento la experiencia de la muerte, siempre hay alguien que ha muerto y me impulsa a escribir».
La suya es una poesía rezumante de ausencia, pudiéndose distinguir en sus poemas una evolución, desde el punto de vista temático y técnico, desde los poemas breves en los que se muestra el clima de su vida cotidiana en la casa, donde encuentra su propia identidad y su relación con las cosas, que cobran importancia dentro de ese universo: la habitación, el pasillo, la mesa, el perchero, la silla, la ventana, la puerta… con un tono tenue, oscuro y triste, y un lenguaje intencionadamente austero y finito, para ir imponiendo de forma decidida la prosa y la experimentación con todas sus posibilidades, dar paso a su angustia existencial y terminar con un mayor impulso poético, centrándose en el tema de la muerte, especialmente tras la muerte de su hermana en un trágico accidente «después de la muerte de mi hermana Dalal, la muerte me ofreció pasos para unirme a su sindicato. Más precisamente, su muerte fue un evento poético para el lenguaje». La muerte de los otros y también su propia muerte, como una experiencia preconcebida: El ángel dijo: Sígueme / y no deseé nada/ excepto que me matara / y me resucitara como un espectro.
El poeta de la oscuridad y de la ausencia se marchó dejando una presencia fértil e influyente en el panorama intelectual árabe con esmeradas contribuciones: es autor de doce poemarios de extraordinaria calidad que le han situado entre los poetas más destacados de las últimas décadas. Fue, además, narrador, crítico literario y sutil e infatigable traductor, con sus cerca de sesenta obras traducidas de diferentes autores, entre ellos Martin Heidegger, Marguerite Yourcenar, Yasunari Kawabata, Italo Calvino, Umberto Eco, Gesualdo Bufalino, Tahar Ben Jelloun y Jacques Derrida.
Los poemas que aquí se presentan se han seleccionado de los distintos poemarios de Bassam Hajjar: Narro como alguien que teme ver (1985), Si solamente tu mano (1990), Oficios crueles (1993), Simple fatiga (1993), Ciertas cosas (1998), El caminante en un paisaje nocturno de Edward Hopper (2003), y abarcan desde el poema breve al poema narrativo, lo que puede permitir al lector apreciar la evolución de uno de los grandes impulsores del poema árabe en prosa.

 

ALGUNAS COSAS QUE NO CONOZCO

¿Cuándo alcanzaré su lejano reposo?
Portaba utensilios ligeros
la congoja en los ojos
su asma y su ropa nueva,
no se dio la vuelta, como si conociera muy bien el camino,
pero se arrepintió de algunas cosas,
entre ellas el canario, sé que había muerto de frío,
el anillo
y su lentitud en partir,
como si esas cosas le hubieran precedido a su cita
y los años hubieran dejado una carga sobre él.
No se dio la vuelta,
no había emprendido ese camino anteriormente
pero el ciprés le guiaba,
el camino no serpenteaba
ni se ramificaba
y nada seducía la mirada,
era un camino como el aire
libre
un camino como la oración
soledad de la confidencia,
ansia del corazón por revelarse para tranquilizar el corazón
un camino como la desgracia,
sin motivo pero presente en todos los motivos,
un camino como todos los caminos
que saben comenzar
y saben trazarse, entre dos líneas, hacia horizontes lejanos,
un camino como todos los caminos
que no saben lo que hay detrás del horizonte
ni saben qué es el horizonte
si no es una escena de la puesta de sol.
No se dio la vuelta,
no vio a ninguno de nosotros
pero miró el umbral y la puerta
y entregó sus ojos a las plantas del balcón.
No vio a nadie
pero dejó su voz entre nosotros
la suavidad de las palmas de sus manos.
Nunca había emprendido ese camino
pero caminó
tranquilo,
un camino como el desvanecimiento
que le ha privado de hablar
y le ha convertido en un espíritu flaco sobre el lecho,
un camino como los pasillos
que han acogido a su cuerpo consumido
con sus luces apáticas.
Un camino como el sueño,
sin fin,
seres de sombras haciendo señales con las manos
y silencio, como si fuera el lugar más extenso para los silenciosos.
No se dio la vuelta
pues el canario había muerto de frío,
el anillo estaba en el estuche
y sus pies entumecidos
no le ayudaban ahora a caminar.
¿Cuándo alcanzaré su lejano reposo?
Ella acariciaba a su hijo
cuando le dijo: «si atrapas a la mariposa
te dará el poder de volar».
Tomó los utensilios ligeros
el brillo engañoso en sus ojos
el sol ardiente del verano
y su vestido azul nuevo.
No se dio la vuelta,
como si conociera muy bien el camino
pero se arrepintió de algunas cosas
que no conozco.
Tal vez él ahora sepa,
tal vez no vuelva a hacerle llorar
entre las macetas de albahaca, el cactus enano y el jazmín.

 

ALGUNAS COSAS QUE SOLO YO CONOZCO

Él dijo que estaba cansado,
que había llegado al final de su vida
y era inútil alegrarse por algo.
Dijo que la luz del día dañaba sus ojos
y el polvo irritaba sus pulmones
y se quedó en su habitación
sentado en el borde de la cama, cabizbajo,
sosteniendo su torso con los brazos.
Dijo que estaba cansado
y no podía caminar por la calle
ya que le costaba respirar
como si se hubiera acostumbrado a una especie de asfixia
y se conformara con un poco del aire
que no resucitaría al canario que había muerto de frío.
Dijo que la primavera
casi lo había matado
y el abrasador verano
y el invierno, muy frío y húmedo
y el otoño, estación de lamentaciones fúnebres
y aflicciones
y que no sabía por qué no se iba el frío
de sus extremidades.
Dijo: toma el anillo,
es todo lo que tengo,
y la pluma estilográfica.
Arrópame bien con la manta de lana,
acerca tu cara para besarla
y dame tus manos
porque podría no verte mañana.
Dijo que estaba cansado
y no podía dormir
porque la noche era un desierto aterrador,
esos minutos y horas podrían ser los últimos.
Entonces se levantaba y caminaba por el pasillo,
comía pan seco,
bebía un trago de agua
y el alboroto de sus pesados jadeos le hacía compañía
como si sus jadeos le hablaran
como si fueran los niños, los vecinos o los amigos tomando copas
o paseando.
Él no rezaba
pero dijo: he amado a quien he amado
y quien me ha amado me ha dado más felicidad de la que merecía.
Vivía con la muerte en mis pulmones, dolor y tos,
vivía con un poco
de aire y placer,
regué las plantas trepadoras hasta que llegaron
al techo,
puse al canario en una jaula
y le di granos y agua
pero murió a pesar de mí
y le lloré durante tres días.
No he legado a nadie la dificultad de vivir como yo,
el dolor de asma y el sustento mínimo,
di una cita a mi hora y he permanecido a la espera,
no se lo dije a nadie
pero permanecí a la espera.
A ella le dije cuando se acercó a mí:
déjame posar mi cabeza cansada en tu pecho.
No le dije que quería llorar
pero lloré.
Algunas cosas que solo yo conozco
me hicieron llorar.
No tuve miedo
ni era desgraciado
pero lloré.

 

ALGUNAS COSAS SOLAMENTE

Un pañuelo inmaculado
con dos letras bordadas
en azul o
rosa.
Una maleta de cuero
con hojas y plumas
azúcar piedra
una caja de medicamentos
una corbata
una foto de personas ancianas
de las que no queda ninguna
una pitillera
de marfil descarnado
y otra
lacada en negro con adornos.
Después dejar
de fumar, el acceso de tos
y el hilo de sangre roja en el pañuelo inmaculado.
Agua de colonia
una mezcla de olor a tabaco
y jabón
y el sudor perlado en la frente.
La silla de junco
con el respaldo recto
al lado del jazmín, en el balcón,
o junto a la puerta del salón
a cierta distancia
de los que están sentados, numerosos y ausentes.
La jaula y el canario
y después
la jaula sin canario.
Un caramelo almendrado
del bolsillo de su pijama
para mi hija.
Una taza de leche
con agua de rosas
y azúcar,
el vaso lleno.
El sombrero.
El largo abrigo negro.
La mano delicada.
Las cejas.
El ojo risueño.
El ojo lloroso.
El reloj de oro que no funciona.
La garrafa de aceite.
La cruz que cuelga
de una cadena sobre el pecho.
La fotografía enmarcada
en la pared
Y una sonrisa –para el fotógrafo-
neutra.
Un botón de los antiguos combatientes
y llaves
de cajones, puertas y armarios
cerrados para siempre.
Un féretro solo
y muchos lirios.

 

PARED

Un individuo
de piedra y cal
al que la humedad y las grietas
desenmascaran
como quien habla en sueños.

 

VENTANA

¿Oyes como el silencio muele
una colina de minutos
o caminas?
La habitación se termina en dos pasos
y la ventana
(la mujer de la limpieza viene por la mañana,
cuelga la ventana a la pared,
ordena el aire y la cama
y coloca para ti en la mesa
la copa, el cenicero y la botella de agua mineral).
¿Caminas?
Nadie te lleva de la mano hacia el sueño
o hacia la trampa
y la mujer de la limpieza olvida ese día
poner la ventana en su sitio.

(Leipzig, noviembre 1981)

 

OTRA MUJER

Ella viene
no para acercarse.
Empezamos cada día separándonos
ella, no sé hacia dónde
y yo para preparar la separación del día siguiente.
Como si su boca estuviera lejos
y su cuerpo, más de lo que soporto
más de lo que puedo.
Ella duerme
para que yo vea
para que cierre la puerta tras de mí.

 

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