Reseña de Hannah Somerville: En la habitación de la araña, de Muhammad Abdelnabi

Muhammad Abdelnabi, In the Spider’s Room
(En la habitación de la araña) (Hoopoe, 2018, ISBN 9789774168758), traducción de Jonathan Wright

 

Cuando la verdad permanece opaca

El lector experimenta cierta inquietud ante la última novela de Muhammad Abdelnabi. Esta sensación no está relacionada tanto con el tema: si bien filtrada a través a un engranaje de lágrimas e hipérbole, In the Spider’s Room (en adelante, En la habitación de la araña) es una exposición sincera y compasiva de la homosexualidad masculina en El Cairo, pero no es una lectura difícil; esa sensación de inquietud tampoco se debe a la fragmentada cronología de la obra, ni al hecho de sentirse abrumado por tantas metáforas. Más bien, esa inquietud se debe a que, al final de la novela, el lector tendrá que decidir hasta qué punto también ha sido engañado.
No cabe esperar menos de Abdelnabi, un escritor que desde 2009 ha conducido semanalmente el seminario literario sobre técnicas narrativas titulado El relato y sus adentros, y que ha expresado su preocupación por las tensas fronteras entre la realidad y su narración. Además de sus traducciones del árabe al inglés, Abdelnabi es autor de dos novelas, una novela corta y dos compilaciones de cuentos cortos, una de las cuales, The Ghost of Anton Chekhov (El fantasma de Anton Chejov) (2009), ganó en 2011 el Premio Sawaris de novela corta. En la habitación de la araña (Ediciones Al-Ain, El Cairo, 2016) fue finalista en 2017 al Premio Internacional de Ficción Árabe y, en enero de ese mismo año, ganó el Premio Sawaris al mejor autor emergente. En 2018 Hoopoe publicó la edición en inglés, que tradujo el galardonado Jonathan Wright.
La trama de En la habitación de la araña se inspira en el infame caso Queen Boat de 2001, en el que la brigada antivicio de El Cairo y los agentes de seguridad del Estado allanaron un barco-discoteca que se encontraba amarrado a orillas del Nilo. El suceso se saldó con más de 50 detenidos, que posteriormente fueron juzgados en público por comportamiento obsceno y libertinaje sostenido. La gran mayoría fueron torturados durante su detención y la mitad fueron condenados. Durante seis meses el furor de los medios, apoyado por el Estado, alentó una conspiración pública de ritos satánicos y amenazas a la nación.

Muhammad Abdelnabi

La trayectoria de Hani Mahfuz, un personaje secundario detenido en la calle junto con su amado, Abdel Aziz, durante las redadas, constituye el foco de la novela de Abdelnabi. Tras ser liberado, este traumatizado personaje ha perdido la capacidad de hablar e intenta, poco a poco, reescribir su historia.
El cuento emerge a partir de una serie de imágenes y escenas retrospectivas, cargadas de cuidadas descripciones que aportan autenticidad –o más bien realismo– a los acontecimientos. Gracias a la narración que Hani hace de su familia, constituida por actores y modistas, la minuciosa descripción de la estrella cinematográfica que fue su madre -sus gestos, sus accesorios…- , el lector puede hacer un seguimiento de los cambios morales y materiales en la sociedad egipcia a lo largo de varias décadas. Sus incursiones en el mundo gay clandestino de El Cairo son un testimonio fervoroso de la variedad de experiencias queer vividas en la ciudad. Hani describe citas furtivas, cruces de miradas, encuentros en polvorientos suelos de talleres, en terrazas de hoteles y baños turcos populares protagonizados tanto por jóvenes que “se tiran al rollo” como por “padrinos” ya entrados en edad y cargados de perfume, como el absurdo Prince Aktham.
Con respecto a este y otros temas, Abdelnabi ha jugado el papel del investigador astuto. Los pasajes relacionados con la tragedia del Queen Boat describen los eventos tal como los medios de comunicación los presentaron por entonces. Por otro lado, si echamos un vistazo a la documentación al respecto de Human Rights Watch, es evidente que algunos de los testimonios sobre la organización se reproducen en En la habitación de la araña casi literalmente. El mandato obsesivo de los oficiales médicos (“¿activo o pasivo?”), el tratamiento físico degradante en El Cairo 52 y la lesión catastrófica a sus familias se reflejan en los recuerdos de Hani de la cárcel de Tora. Con ello, la narración cuenta con momentos de consuelo y compañerismo humano: entre los memorables protagonistas se encuentra el compañero de celda de Hani, Karim, un académico azhari que se confiesa abiertamente “niño de Lot” y que, a instancias del narrador, presenta una versión literal del objetivo de la novela: contar historias para sobrellevar la cárcel.
El peor defecto de la obra reside en que el tono designado al narrador Hani es casi insufrible. Además, su narración distorsiona y ofusca la realidad, racionalizando cada encuentro de la novela bajo términos reduccionistas y freudianos. El resultado es una reconstrucción a medias de los eventos en la que preponderan la teatralidad, el cinismo y la manipulación. Una y otra vez Hani se reinventa a sí mismo pero sus actividades amorosas terminan por teñirse de una inefable afeminación o un abyecto nihilismo, desde la paródica lesbiana Hanushka hasta el ejecutante de circo en el seno de un matrimonio ficticio singularmente cruel, o el ambiguo Abdel Aziz. Es más, el narrador no abandona el agotador tema del espectáculo, y cada giro de la trama viene envuelto en una red exhaustiva y exasperante de metáforas teatrales: máscaras, dramas, escenarios, mitos.

la portada original obra editada en arabe

Dicho esto, la lectura de la novela resulta gratificante. Desde muchos puntos de vista es instructiva y sus personajes no son excesivamente alegóricos. Entre los recursos más recurrentes que Abdelnabi despliega tenemos frases evocadores e inquietantes: “una alegría tan frágil como un tonto de abril” pasa por una cara, y la falsa esperanza del amor no correspondido es “un niño desfigurado, nacido viejo y malévolo… vomitando posibilidades e hipótesis”. Además, su traducción al inglés es fluida, con la sensibilidad y la naturalización de los coloquialismos que cabe esperar de Jonathan Wright.
Si quisiéramos sacar alguna conclusión firme sobre En la habitación de la araña sería la siguiente: no te fíes de la portada. No se trata, como indican la publicidad y las ilustraciones en la edición en inglés, de memorias escritas en prisión, ni de una historia de amor verdadero.
En lo referente a las primeras reseñas sobre la obra, coincido con la amarga afirmación de un bloguero que, equiparándola a una parábola de la homofobia internalizada, comenta: es una memoria de la prisión, pero probablemente de otro tipo. Si esta fue la idea preconcebida de Abdelnabi, entonces es una obra maestra de la literatura; si se trata de una casualidad, es una farsa. Sin embargo, como tantos otros elementos de esta novela, la verdad permanece opaca.