Reseña de Stephanie Petit sobre Impreso en Beirut, de Jabbour Douaihy

Reseña de Stephanie Petit sobre

Printed in Beirut (Impreso en Beirut), de Jabbour Douaihy. Traducción de Paula
Haydar (Interlink Publishing, agosto 2019,
ISBN: 9781623719906, 220 págs.) $15.00

 

Espejos y humo

Probablemente Jabbour Douaihy (n. Zgharta, 1949) sea conocido entre los anglófonos por su obra June Rain (Lluvia de junio), una potente no-vela basada en una masacre ocurrida en el pueblo libanés de Burj al-Hawa en 1957. En 2008 la obra fue finalista de la primera edición del Premio International de Literatura Árabe (conocido como el IPAF o el Booker Árabe), y en 2014 se publicó su elogiada traducción al inglés de Paula Haydar, que ese mismo año llegaría a ser la «encomiada finalista» del Premio Saif Gobash de Traducción de Literatura Árabe. Su novela El ba-rrio americano, candidata al IPAF en 2015, fue traducida también por Paula Haydar en 2017; como lo fue la obra que reseñamos, Impreso en Beirut, una novela desenfadada y fresca que relata los escándalos amorosos acontecidos en una antigua imprenta de Beirut.
El relato arranca con Farid Abu Shaar, un autor novel que, nada más finalizar su primera novela se dedica a ir de editor en editor con la esperanza de encontrar a alguien que reconozca su genialidad —«¡Lo he dado todo en este libro!», exclama en algún momento. Sin embargo, en pa-labras de un editor que se queja, «nadie lee», la era del libro impreso ha terminado, y su manuscrito es rechazado por todos. El último recurso de Abu Shaar, la ‘Imprenta de los Hnos. Karam, Fund. 1908’, es un lugar descom-unal que parece imprimir de todo, desde libros sobre culturas indígenas mexicanas a bolsas de la compra con logos impresos. Como era de esperar, el dueño tampoco muestra interés por la novela de Abu Shaar pero, como justo acaban de perder a su editor en lengua árabe, le ofrece el puesto a Abu Shaar. Aunque humillado, dadas sus escasas perspectivas de futuro, Abu Shaar acepta el puesto y se pasa los días editando manuales, guías y descripciones para «tratar las hemorroides con miel de abeja». Ante la mundanidad aplastante de esta labor, sus expectativas literarias se desmoronan. El único manuscrito de su novela adorna su escritorio como un triste recuerdo de su otrora lirismo. Entonces, una tarde (y de forma un tanto inexplicable) su posesión más preciada desaparece y es en torno a ese hecho que se tejerá una intrincada red de conexiones secretas, criminalidad y duplicidad. El manuscrito (o, mejor dicho, una versión mejorada de él) aparece en el despacho de la editorial varios meses más tarde, exquisitamente impresa en caligrafía zúluz sobre un papel «grueso y recio, como encerado». El cerebro detrás de ese resurgimiento resultará ser Perséfone, la esposa del jefe de Abu Shaar que, sintiéndose sola en su relación marital, termina por enamorarse del joven autor soñador.

La portada de la edición árabe de Tubi’a fi Beirut «Impreso en Beirut» publicada por Dar El Saqi, Beirut 2018.

Por otra parte, los negocios en la imprenta de los Hermanos Karam prosperan de maravilla -sospechosamente bien, de hecho. Desde que habían adquirido su Heidelberg Speedmaster XL 162, «la imprenta digital más puntera en Oriente Medio», parecía como si se dedicaran a imprimir billetes. Y eso es precisamente lo que estaban haciendo: y en el mismo papel usado para el libro de Abu Sharar. En el momento en que un operativo de la policía internacional localiza la fuente de los euros falsificados en la Imprenta Beirut, las autoridades confiscan el libro de Abu Shaar, con lo que el desdichado autor se encuentra involucrado en una investigación a gran escala sobre los delitos de falsificación y fraude que se llevan cometiendo desde hace más de un siglo en el mundo de la imprenta. La trama va entrelazándose temporal y espacialmente, así como entre los personajes, lo que hace de Impreso en Beirut una novela breve pero animada y dinámica. Sin embargo, el claro rechazo de Douaihy a una linealidad definida y su tendencia a las digresiones empobrecen la narración, privando al relato de un enfoque claro. Da la sensación de que una elaboración más cuidada podría haber resultado en una más exitosa intriga sobre la cortina de humo que rodea el mundo de la imprenta. En su versión actual, Impreso en Beirut abunda en ideas, pero demasiado dispersas.

Jabbour Douaihy

No obstante, se puede disfrutar de su lectura como una desenfadada comedia de errores. La obra alberga a una multitud de personajes cautivadores (si bien exageradamente caricaturescos). Abu Shaar es un paradigma del tipo de protagonista típico del género: desgraciado y confundido, más que instigador de los hechos es zarandeado por los mismos. Su desapego del mundo lo desmarca de la despiadada industria editorial moderna. La fe ardiente en su talento literario es el blanco del tono de broma recurrente de la novela. No es sorprendente que, por tratarse del trabajo de un autor cuya maestría está empapada de los relatos de su tierra natal, Impreso en Beirut transmita también un fuerte sentido del espacio, ni que recurra a menudo al mosaico de culturas y sectas de la ciudad. La imprenta de los Hermanos Karam, que emplea a «maronitas, ortodoxos, armenios, suníes y chiíes», se traduce en una especie de microcosmos de la sociedad libanesa, mientras que la manera en que la novela rastrea las numerosas reencarnaciones de la imprenta responde a la tumultuosa reciente historia del país, también desde el punto de vista cronológico.
Una vez más, debemos felicitar a Paula Haydar por la calidad de su traducción. Lo cierto es que, en los pasajes más elaborados de Impreso en Beirut, Douaihy incorpora con destreza una serie de referencias a la literatura árabe clásica, así como detalladas descripciones de las máquinas de imprenta y tipos móviles. En la traducción de Haydar (cuyas notas al final se agradecen) estas descripciones dotan al libro de un gran valor y representan toda una oda a un oficio que está desapareciendo a marchas forzadas.