DETRÁS DE LA COLINA EN LA ESCARCHA: Poemas de Bassam Hajjar

¿Oyes como el silencio muele/ una colina de minutos/ o caminas?/ La habitación se termina en dos pasos/ y la ventana/ (la mujer de la limpieza viene por la mañana,/ cuelga la ventana a la pared,/ ordena el aire y la cama/ y coloca para ti en la mesa/ la copa, el cenicero y la botella de/ agua mineral)./ ¿Caminas?/ Nadie te lleva de la mano hacia el sueño/ o hacia la trampa/ y la mujer de la limpieza olvida ese día/ poner la ventana en su sitio.

Caída libre, fragmento de la novela de Aber Esber

Aquella mañana de un día caluroso, maté a mi padre.Aunque a primera vista parezca un delirio freudiano, eso fue lo que sucedió después de una riña escandalosa junto al cementerio. Subíamos las escaleras de casa tras volver de una consulta médica que nos había ocupado toda la mañana del miércoles. El calor en Damasco es insoportable. Las calles plagadas de controles de seguridad, las blasfemias lanzadas desde las ventanillas de los coches, las sirenas de las ambulancias, el ruido de bombardeos en la lejanía, el griterío de soldados…, todo te incita a cometer un gran crimen capaz de sofocar el estruendo de una ciudad que se marchita, asfi-xiada por su verano húmedo y pegajoso. Para detener este zumbido incesante tenía que matar a alguien. Y eso fue lo que hice. Maté a mi padre.

El guardia del cementerio de la Commonwealth, relato de Sofiene Rajab

Se trataba del cementerio de la Commonwealth que paradójicamente era el sitio donde valía la pena vivir. En mis momentos de tiempo libre, solía detenerme enfrente del cementerio paseando mi vista por aquellas piedras de mármol blanco pegadas a su suelo cubierto de césped y que eran las lápidas de los soldados británicos fallecidos en la Segunda Guerra Mundial. Soñaba con hacer el amor con una chica británica sobre aquel césped verde. Era, precisamente, una chica de la campiña escocesa que olía a queso y vino. Dentro del cementerio, había dos pequeñas construcciones cubiertas con tejas de color rojo que se parecían a dos pequeñas cabañas. Me decía: «Tomaré una por casa para vivir con mi amada escocesa y colgaremos un columpio en la cruz gigante instalada entre las dos construcciones». De aquellas fantasías delante del cementerio de la Commonwealth, sólo me despertaban los gritos de su viejo guardia. «¡Suelta la puerta, Mohamed!»

QUIERO AMAR ESTA NOCHE, relato de Latifa Labsir

Escuchar la voz de Pavarotti me da la vida, su voz hace que despierte de mi letargo y recuerde que nos abandonó hace unos pocos meses. No pensé que fuera a morir mientras cantase a la vida. Hice que se alzara en cada rincón de la casa, fui a la cocina a buscar una botella de agua y recordé que también me había despedido de los ancianos hacía unos pocos meses. Se habían retirado de la ventana, sin permiso ni previo aviso. Fue un extraño repliegue. De repente, una hermosa mañana, el viejo soltó un grito y salí disparada como una loca hacia su casa de siempre. Su esposa se había ido sin más preámbulos y él se quedó ante mí. Supe que estaba muerto a partir de ese momento, si bien, aún tuvieron que pasar dos meses desde la desaparición de la esposa antes de que se rindiera, encomendándome una última voluntad letal. Me entregó las llaves de su guarida llena de ceremonias, pasado, recuerdos y sueños, y me encargó que esperara al hijo que podría regresar o no volver nunca.

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