Mohammed al-Sharekh y la lengua Árabe: un enriquecimiento mutuo

Saud Alsanousi

Querido Samuel:

Te agradezco que me preguntes por esta figura en particular. Tú la conociste mejor que yo, pero es cierto que yo también tengo cosas que decir sobre alguien que ha influido en mi vida desde el momento en que soñé con ser escritor.

Su nombre ha quedado estrechamente ligado a la lengua árabe. Basta con mencionar a Mohammed Al-Sharekh para que acuda a mi memoria el recuerdo de un hombre que amó la lengua árabe y que fue amado por ella; un hombre que se entregó a servirla con lealtad y con ello se ganó una notoriedad que perdurará a través de las generaciones erigiéndolo en uno de sus más nobles valedores.

El nombre de Al-Sharekh me viene a la mente —aunque jamás llegué a conocerlo en persona— cada vez que me dispongo a escribir en el ordenador una obra literaria o el capítulo de una novela. En las teclas del teclado árabe se me aparece el semblante de aquel hombre que nunca traté cara a cara, pero que dejó en mí una huella imborrable. Al-Sharekh fue un pionero en conseguir desde una fecha temprana que la lengua árabe se hiciera un lugar en la tecnología y en los sistemas informáticos, algo que se habría retrasado de no ser por su proyecto al servicio de la lengua.

Ésta es la breve historia de mi viejo sueño de tener un libro propio. Yo tenía catorce años cuando el proyecto Sakhr de Al-Sharekh había cumplido trece; es decir, el ordenador Sakhr tenía prácticamente mi misma edad, ¡imagínate! Como era imposible que una editorial publicara un libro corriente escrito por un niño que ignoraba los fundamentos de la escritura, y puesto que mis padres aplazaron mi sueño de ser escritor por temor a que afectara a mi rendimiento académico —«cuando crezcas, escribirás»—, tomé la iniciativa, siendo niño aún, de escribir con dedos temblorosos lo que creía que eran relatos en el teclado del ordenador de un amigo, en cuya esquina figuraba aquel logotipo gris que en nuestra infancia asociábamos al mundo mágico de la informática: ese fue mi primer encuentro con el teclado árabe de un ordenador Sakhr. Imprimí mis relatos mediocres en hojas paginadas y les puse una cubierta con mi nombre y un título. De aquel libro hubo un único ejemplar. Desde muy temprano en mi vida, tuve mi propio libro: el primero, impreso gracias a un ordenador Sakhr, y que nadie leyó más que yo.

Querido Samuel, mi relación con Al-Sharekh no acaba en aquel mundo infantil movido por el sueño de ser escritor hace ya tres décadas, sino que ha continuado a lo largo de todas mis novelas hasta la más reciente, la trilogía Los viajes de la ciudad de barro. Pero esta vez no fue debido al teclado del ordenador Sakhr, sino a otro proyecto de Mohammed Al-Sharekh no menos importante, me refiero al Archivo Al-Sharekh: ese magnífico espacio del universo digital que él supo enriquecer con números de las revistas árabes más relevantes desde el último cuarto del siglo XIX y que puso gratuitamente a través de la red a disposición de lectores e investigadores como un acto de servicio a la lengua árabe para salvaguardar su historia y cultura. De hecho, no he escrito un solo capítulo de mi novela histórica sin detenerme a investigar repetidamente en el Archivo Al-Sharekh, que me ofrecía con un solo clic cuanto necesitaba, sin obligarme a viajar ni a rastrear los archivos de las bibliotecas del mundo árabe. Allí estaba Al-Sharekh conmigo sosteniéndome la mano para seguir escribiendo novelas del mismo modo que había hecho realidad mi sueño de infancia de tener mi propio libro.

Querido Samuel, mientras te escribo esta carta sobre ese hombre pienso en lo que le dio a la lengua árabe y lo que ésta le dio a él. Fue un hombre que desde niño se apasionó por la lectura y en ella encontró un mundo, un respiro y una ventana abierta a horizontes lejanos. Amó la lengua árabe y su literatura, a los doce años leyó a Abbas Mahmud al-Aqqad, a los veintiséis publicó su primer cuento sin abandonar nunca más la pluma para expresarse como persona. Y a los cuarenta fundó la empresa Sakhr como si así saldara una vieja deuda contraída con el idioma que había amado desde la infancia. La lengua árabe le dio una herramienta de conocimiento y de expresión personal, y él le devolvió el favor entregándole su vida; una vida que ella, a su vez, hizo que fuera más larga que la que él le había dedicado.

Por último, quizá este gran hombre no haya recibido el reconocimiento que merecía; sin embargo, la lengua árabe lo ha situado con honra en el corazón de todos sus hablantes.

Un saludo cordial,
Saud Alsanousi
Diciembre de 2025

Tranducción de Antonio Martínez Castro

El escritor kuwaití Saud Alsanousi decidió hacer su contribución al dossier especial sobre Mohammed Al-Sharekh como una carta dirigida al editor de la revista

Saud Alsanousi (Kuwait, 1981) es un novelista, dramaturgo y periodista kuwaití que se ha consolidado como una voz literaria en el mundo árabe a pesar de su corta edad. Sus obras ofrecen reflexiones sobre la sociedad, la cultura y la identidad de Kuwait, y sus novelas, traducidas a más de 14 idiomas, le han valido reconocimiento regional e internacional.

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