Thursday, December 2, 2021
Dos poemas de Fatema al-ShediEn otra vidayo era una palmera elevada que crecía con violencia
en las afueras del silencio
y extendía su sombra sobre los granos de arena.
O tal vez era una acacia generosa
que despertaba nostalgia en las noches oscuras de los exiliados
y los hacía cantar.
Tal vez era un azufaifo en cuyas ramas las mujeres renovaban su amor
o un algarrobo que custodiaba el horizonte.
Revista 6: Ventanas a la literatura omaní moderna por Jaafar al-AluniLa escena cultural en Omán experimentó durante el último siglo transformaciones históricas y sociales profundas como resultado de su apertura a otros países, culturas y literaturas que no hicieron más que desequilibrar y retar sus tradiciones y costumbres. Esto impulsó a Omán hacia una espinosa encrucijada entre estructuras socioculturales tradicionales y arraigadas en la identidad omaní; pero a la vez frágiles y susceptibles de quebrarse ante cualquier novedad que cuestionara sus fundamentos, y otras nuevas que anhelaban el avance y el desarrollo. Esa nueva escena cultural supuso una lucha de identidad que se manifiesta en la sensibilidad y las distintas formas creativas de los autores omaníes, siendo la escritura para algunos una ventana imprescindible que da al mundo exterior.
Etel Adnan 1925- París 14 noviembre 2021La Revista Banipal lamenta el fallecimiento de la poeta y artista libanesa Etel Adnan hoy a los 97 años. Dolidos por la noticia queremos expresar nuestro sentido más pésame para los familiares y amigos de nuestra poeta y artista. Le dedicaremos a nuestra querida poeta y artista un dossier especial. Y esperemos que no se sumen otras luctuosas noticias.
¡Descanse en paz, Etel!
Leña de Sarajevo, dos capítulos de la novela de Saïd KhatibiMe libré de la muerte y de la cárcel donde, pensé, pasaría una buena temporada. Me habían acusado de matar a un hombre y engrosar así la lista de asesinos nacionales. Pero me exoneraron. Tropecé e imaginé que nunca más sería capaz de ponerme en pie. La vida se me escapaba de entre las manos lentamente, y, temía, nunca realizaría mi sueño, ese que siempre he llevado conmigo como una madre sostiene a su primogénito recién nacido. Supuse que la guerra que había desfigurado el rostro de Sarajevo me arrastraría consigo, hasta convertirme en un trapo deshilachado e inservible. La imagen de mi hermana pequeña surgió de repente en mi mente y temí perder la razón y sumirme en la locura, tal y como le había pasado a ella; sin embargo, una mano oculta me agarró y me elevó hacia arriba, indicándome el camino.
Una bicicleta devuelve al camarada del viejo partido, Un relato del Hassan Abdel MawgoudGeneralmente la esperaba en un cruce que le permitía controlar todas las direcciones sin levantar sospechas. Las instrucciones del partido le obligaban a comprobar que el lugar era seguro, y a marcharse de inmediato ante la menor sospecha de que algo pudiese ir mal. Si se le insinuaba esta sensación, significaba que algo sucedía entre las sombras, y aunque a veces no tenía evidencias de que hubiese algún peligro, abandonaba el lugar al instante.
Perdido en La Meca, Primer capítulo de la novela, Los planos del laberinto, de Bothayna el-EssaTenía la mirada extraviada y los ojos suspendidos sobre los cientos de miles de cabezas que se apiñaban en el lugar. El mundo es un círculo que gira. Heme aquí, heme aquí. Susurraba. Miró hacia la derecha y percibió una nuca. Faisal la precedía por unos pasos y, entre todas las cabezas dolientes, afeitadas, calvas, cubiertas, negras, grises, blancas, sudorosas, lo podía ver. Miró hacia la izquierda y vio la sagrada Caaba, con las cortinas recogidas y las piedras alineadas en la base, cubierta por un tejido blanco que terminaba en el negro revestimiento bordado en oro. Sintió el sudor de una mano pequeña en la suya, la miró, y el pequeño apuró el paso para seguirla. Ese era Mishari. ¿Te has cansado? Y lo negó con la cabeza. Su paso se hizo más lento al acercarse a la esquina derecha. El lugar estaba abarrotado. Alzó la mano derecha hacia la Caaba, que se erguía en el corazón del mundo. Dios es más Grande. Agarraba al niño con la izquierda. Un grupo de asiáticos que caminaban cogidos de la mano chocó contra ellos. Se soltaron sus manos.
UNA VECINA DE TÚNEZ, Dos capítulos de la novela, de Habib SelmiAhora la veo todos los días, varias veces. Se llama Zahra, pero la mayor parte de los habitantes del edifico le dicen «Madame Mansur». Otros la llaman «la sirvienta» o «la tunecina», del mismo modo que a Madame Rodrigues, la señora que viene cada tarde a sacar los contenedores de basura a la calle, la conocen por «la portuguesa», o al señor González, que vive en un apartamento del quinto piso, como «el español».
El guardia del cementerio de la Commonwealth, relato de Sofiene RajabSi contemplas detenidamente el mapa de Túnez, verás que encarna la imagen de una mujer de pie asomándose al Mediterráneo desde su balcón con los pies hundidos en la arena del desierto del Sahara. Si te fijas bien en su pecho, podrás visualizar una pieza que brilla a la luz del sol mientras vibra en ese collar que el país luce en el cuello. No se trata por supuesto de una condecoración, porque quien se la colocó fue sólo un colono.