Saturday, June 22, 2024

Secretos, relato de Mohammed al-Sharekh

La oímos. Sáleh me sacudió el hombro y agucé el oído. La voz de una mujer, una voz lejana que fluía por entre los árboles y los páramos desérticos. La escuchábamos embelesados, sin despegarnos de la almohada, con los ojos clavados en el cielo y los sentidos puestos en cribar la melodía por entre el silbido del aire en las ramas de los árboles. Eran los gitanos, sí, ¡eran ellos! Salimos volando de la cama y, sigilosos, recogimos el calzado y abrimos la puerta de madera de la casa, mirando a diestro y siniestro por si nos veía alguien. La casa estaba rodeada de limoneros y parras y por doquier había hoyos y zanjas en las que podíamos caer a cualquier paso, a pesar de que la luna se dejaba ver de vez en cuando por entre el ramaje.

EL TUMOR, comienzo de la novela  AL-WARAM de Ibrahim Al-Koni

Cuando supo que le habían dado muerte al mago, se preguntó, en la soledad del atardecer, si no habría sido un error ocultarle al infeliz lo relativo al enviado. Se alejó figurándose, cual si soñara, cómo tuvo que debatirse el mago entre los esbirros que envió tras él, haciendo denodados esfuerzos por respirar mientras agonizaba de aquel modo atroz. ¿Qué argumento desarrollaría aquel fantasma, si pudiera abandonar su eterno letargo por una sola vez, y Asanái le hablara del enviado que lo visitó hacía largo tiempo, de parte de su alteza el Guía? El taimado, sin duda, hallaría un pretexto aún mejor para reforzar sus recomendaciones de que había de renunciar, para hablarle de sacrificios y del amor que convierte al amante en parte inextricable del objeto amado.

Said, el blasfemo enloquecido: capítulo de la novela de Reem Al-Kamali

Lo metió en el patio. Era un hombre joven, guapo y de alta estatura, lleno de vida. No la miró, tal y como le exigían las buenas costumbres. Entró donde ella le indicó con la mano mientras la mujer se ponía sobre la cara un velo transparente adornado con las monedas de oro guardadas desde el día de la boda. Esto no evitó que lo mirara. Se detuvo mientras él caminaba delante de ella hacia el interior y lo miró por el rabillo del ojo. En ese momento fue consciente de lo mucho que echaba de menos que hubiera un hombre en su vida.