Wednesday, October 14, 2026

Mi sangre está contaminada de amor Poemas de Yaser El-Zayat

Pon mi cadáver en tu bolsillo, amigo mío, sálvame para que el llanto se convierta en tu lecho, pon mis sueños en tu bolso, esposa mía, embellécelos cuando mi existencia se convierta en tu tumba y sácame de tus uñas, amiga mía, arrójame en la ambulancia para que se regulen los latidos de tu corazón. ¡País mío! No ha pasado nada, no ha pasado nada. Continúa masticando el humo, los festivales y las cárceles. Yo soy feliz aquí, feliz en mi tumba divina, esta tumba mía a la que llamo Yaser El-Zayat. Sí, soy Yaser El-Zayat: Descendiente de comerciantes arruinados, descendiente de poetas arruinados, descendiente de este país arruinado, descendiente de himnos colectivos, sueños colectivos y tumbas colectivas. Entonces, ¿cómo distingo tus rasgos entre todos estos escombros?

LA MARIPOSA BLANCA, dos poemas de Hassab Al Sheikh Jaafar

Traducción: María Luisa Prieto   Nació en la ciudad de al-Amara, al sur de Iraq. Viajó a Moscú para estudiar literatura, graduándose en el Instituto Gorky...

Dalia Taha: Dos poemas

¿Recuerdas tu primera noche en este mundo?/ No fue en El Cairo, París,/ Kinshasa o Buenos Aires tu primera noche./ Podrías haber nacido en un pueblo tranquilo junto al río/ o junto a un rascacielos/ pero tu primera noche fue en la faz de la tierra./ Lo que rodea el lugar de tu nacimiento/ no son las ciudades ni las localidades adyacentes/ ni siquiera los países o los continentes vecinos/ sino las galaxias y los planetas.

TRES ÁRBOLES Y OTROS poemas del poeta serio Basheer Al-Baker

No tengo ninguna fotografía/ con mi hermano mayor, Farhán,/ que se marchó allí./ No supuse/ cuando nos vimos por última vez/ que la ocasión no llegara./ Sucedió en Beirut,/ cuando me visitó apresuradamente/ un poco antes de que estallara la guerra./ Hablamos de todo/ pero no pensamos en la fotografía./ Él estaba preocupado,/ no tenía miedo/ porque volvería a la gran prisión./ El teléfono entre nosotros seguía/ sonando en ambas direcciones/ mientras Siria permanecía/ colgada en los hilos de éter/ cual pájaro que vuela/ sin llegar./ Si yo estuviera en el lugar de ese hombre/ pediría los dispositivos que me impidieran las pesadillas/ y me dejaran allí, en Al-Yazira/ entre el río y el desierto.

Seis poemas del palestino Mosab Abu Toha

  Traducción del inglés de Joselyn Michelle Almeida EJERCICIO INTENSO En Gaza respirar es una tarea, sonreír es hacerse cirugía plástica en el propio rostro, y levantarse por la mañana intentando sobrevivir otro día, es...

DE PRONTO LLEGAMOS, poem de Rchid Niny

Extracto de un poema largo Traducción de  María Luisa Prieto De pronto llegamos y nos hospedamos en las casas de nuestras familias con muchos niños. Algunos...

Rana Zeid: NO TENGO PATRIA y otros poemas

Me dejaron a la impiedad de las olas,/ ¿por qué entonces no permanezco en la orilla?/ Este mar no me ve,/ pero lo sigo reverenciando, queriendo/ con ojos desorbitados y profundos./ Lo beso/ como si en verdad yo no fuera una bestia,/ y mientras cuento con él sus gaviotas/ cuando se adormece,/ él me canta en ruso e italiano/ sin que yo entienda una palabra./ Entonces lloro./ Yo soy la única poesía/ que no tiene patria./ Mis temblorosos pasos/ nunca se conformarán con un solo camino.

MI PATRIA SON LAS PALABRAS, poema de Abdel Aziz Al-Maqalih

Sanaa… ¡Oh vieja casa que reside en el alma! ¡Oh nuestra historia herida y dibujada en el rostro de las ventanas y las piedras! Temo por ti del allegado, y sin motivo tengo miedo por ti de ti y de los conflictos del emirato.

SOY DE LA TIERRA DE GILGAMESH, poemas de Khalid Al-Maaly

Traducción de María Luisa Prieto   SILBAMOS SUS MELODÍAS En las canciones, cuyas melodías silbamos en silencio, regresamos del viaje del dolor a casa y por el camino de...

Dos poemas de Fatema al-Shedi

En otra vidayo era una palmera elevada que crecía con violencia en las afueras del silencio y extendía su sombra sobre los granos de arena. O tal vez era una acacia generosa que despertaba nostalgia en las noches oscuras de los exiliados y los hacía cantar. Tal vez era un azufaifo en cuyas ramas las mujeres renovaban su amor o un algarrobo que custodiaba el horizonte.