Saturday, October 10, 2026

Tres poemas de Mosab Abu Toha

Traducción del inglés de Joselyn Michelle Almeida     DEJANDO ATRÁS LA NIÑEZ Al salir dejé la niñez en el cajón y sobre la mesa de la cocina puse el caballito...

Tres poemas de la poeta siria Widad Nabi

Tú tocas el duro metal del autobús, aquí, y brota un narciso en el pomo de hierro de la puerta de tu casa, allá. Así son de leales los hogares con los dueños que los abandonan.

Tres poemas del poeta emeratí Abdel Aziz Jassim

Traducción: Jaafar Al Aluni ANTES QUE EL COBRE Y LA FOTOGRAFÍA Antes que el cobre y la fotografía, antes que los molinos, las elegías y la fiebre...

Ya no importa que nadie nos quiera, poema del poeta palestino Samer...

Ya no importa / que nadie nos quiera. / Basta con que nos quiera el gran Arcángel / en su cielo brillante. Nuestros hijos lo ven erguido a lo lejos / con las manos juntas formando un corazón / y sonríen. Nuestras mujeres lo ven ondeando un jazmín blanco / y entornan los ojos para siempre. / Nuestros hombres ven sus alas azules / claras como el cielo / y con los corazones arrebatados viajan hacia él.

AHOR VEN, SILENCIO poemas de la poeta palestina Dalia Taha

En la feria del libro hay un libro que lleva tu nombre: “Historia de las lágrimas”. Se acurruca cual lágrima entre los libros de políticos y sociólogos, y la historia de batallas y guerras. Pero en algún lugar hay una biblioteca completa para ti, con estantes que casi se caen por el peso de sus hojas. Por cada libro sobre una batalla, hay otro libro inexistente sobre sus lágrimas. Quiero pasear por esta feria del libro. Es cierto que no podré sostener ningún libro en la mano. Es cierto que no puedo pasar las páginas, ni siquiera leer los títulos de los libros y los nombres de sus autores: ellos también desaparecieron de la historia, como sus lágrimas.

Rana Zeid: NO TENGO PATRIA y otros poemas

Me dejaron a la impiedad de las olas,/ ¿por qué entonces no permanezco en la orilla?/ Este mar no me ve,/ pero lo sigo reverenciando, queriendo/ con ojos desorbitados y profundos./ Lo beso/ como si en verdad yo no fuera una bestia,/ y mientras cuento con él sus gaviotas/ cuando se adormece,/ él me canta en ruso e italiano/ sin que yo entienda una palabra./ Entonces lloro./ Yo soy la única poesía/ que no tiene patria./ Mis temblorosos pasos/ nunca se conformarán con un solo camino.

Atlas fugitivo, poemas de Khaled Mattawa

Reseña de Joselyn Michelle Almeida Fugitive Atlas: Poems de Khaled Mattawa Graywolf Press, 2020 ISBN: 1644450372, 9781644450376, tapa blanda, 126 pp. $18.00     Un nexo entre América, Oriente Medio y la literatura universal   La...

EL POETA EGIPCIO AHMAD YAMANI RECIBE EL PREMIO SARGON BOULUS DE...

Se ha anunciado la concesión del Premio Sargon Boulus de Poesía y Traducción al poeta egipcio Ahmad Yamani, galardón que organiza y patrocina Manchurat...

Un pez recién salido del agua Poemas de la poeta...

¿Cómo/ te libero, /alma, de mí? / Caminas con cuidado sobre las hojas amarillas del otoño./ Te miro como si caminaras sobre minas/ con el viento/ en tu cabeza/ y en la mía…/ El viento mueve las hojas de los árboles/ su sonido aullante no te asusta/ y me asusta./ Caminas despacio./ Apresúrate:/ Mi corazón/ y el tuyo/ se pararán.

CINCO POEMAS de Aisha al-Saifi

Mi rostro es un poema esta noche, por eso prefiero no amarte. La noche evoca en mis pulmones el recuerdo de todos los que me ahogaron con la tristeza de un país lejano. Prefiero no verte mañana porque esta noche vendrán todas las mujeres que te lloraron, y lamentarán sus penas infinitas. Mi rostro tomará la forma de todas las mujeres que reventaron por tus engaños; vendrán ellas y se convertirán en mi aliento, mi voz y mis ojos. Si la poesía me inspirase, la tristeza se apagaría en mi boca, escribiría sus angustias, sus heridas, sus largas noches de lágrimas y el miedo, esbozaría la imagen del anhelo en sus rostros, la voz perdida de sus bellas canciones, el parpadeo de sus ojos cuando me palmean la espalda y cantan los imposibles sueños en presencia de la muerte. Y cuando levantan las copas del llanto y me saludan: “Escribe,