Mi sangre está contaminada de amor Poemas de Yaser El-Zayat
Pon mi cadáver en tu bolsillo, amigo mío, sálvame para que el llanto se convierta en tu lecho, pon mis sueños en tu bolso, esposa mía, embellécelos cuando mi existencia se convierta en tu tumba y sácame de tus uñas, amiga mía, arrójame en la ambulancia para que se regulen los latidos de tu corazón.
¡País mío! No ha pasado nada, no ha pasado nada. Continúa masticando el humo, los festivales y las cárceles. Yo soy feliz aquí, feliz en mi tumba divina, esta tumba mía a la que llamo Yaser El-Zayat.
Sí, soy Yaser El-Zayat:
Descendiente de comerciantes arruinados, descendiente de poetas arruinados, descendiente de este país arruinado, descendiente de himnos colectivos, sueños colectivos y tumbas colectivas. Entonces, ¿cómo distingo tus rasgos entre todos estos escombros?
SOY DE LA TIERRA DE GILGAMESH, poemas de Khalid Al-Maaly
Traducción de María Luisa Prieto
SILBAMOS SUS MELODÍAS
En las canciones, cuyas melodías silbamos en silencio,
regresamos del viaje del dolor a casa
y por el camino de...
TRES POEMAS de Fawziyya Abu Khalid
Organizo las botellas del tiempo,
hora a hora,
día a día,
luna a luna,
y siempre, siempre,
lleno mi vida,
en este inmenso vacío,
con algo de poesía,
un poco de amor,
mucha tristeza y exceso de nostalgia.
Ahora preparo los ácidos amargos
y bebo a solas la dosis que me queda.
Un pez recién salido del agua Poemas de la poeta...
¿Cómo/ te libero, /alma, de mí? / Caminas con cuidado sobre las hojas amarillas del otoño./ Te miro como si caminaras sobre minas/ con el viento/ en tu cabeza/ y en la mía…/ El viento mueve las hojas de los árboles/ su sonido aullante no te asusta/ y me asusta./ Caminas despacio./ Apresúrate:/ Mi corazón/ y el tuyo/ se pararán.
MI PATRIA SON LAS PALABRAS, poema de Abdel Aziz Al-Maqalih
Sanaa…
¡Oh vieja casa
que reside en el alma!
¡Oh nuestra historia herida
y dibujada en el rostro de las ventanas
y las piedras!
Temo por ti del allegado,
y sin motivo
tengo miedo por ti de ti
y de los conflictos del emirato.
Dos poemas de Fatema al-Shedi
En otra vidayo era una palmera elevada que crecía con violencia
en las afueras del silencio
y extendía su sombra sobre los granos de arena.
O tal vez era una acacia generosa
que despertaba nostalgia en las noches oscuras de los exiliados
y los hacía cantar.
Tal vez era un azufaifo en cuyas ramas las mujeres renovaban su amor
o un algarrobo que custodiaba el horizonte.
TRES POEMAS de Ashjan Hindi
Traducción de Jaafar al-Aluni
EN BUSCA DEL OTRO
Todos los días Isabela me busca
y me encuentra.
Yo busco a otra persona
pero siempre la veo a ella.
Dicen que...
Dos poemas de Ahmad Yamani
¿Cómo es la soledad?
Clavar la vista en todo sin involucrarse,
sentir que mi esqueleto pudo haber sido de otra forma.
A veces, pregunto sobre la utilidad de caminar y descansar
en aquellas noches en las que me quedé fuera del planeta
y percibí colores sin nombres en ese universo
en el que me vi descuartizado en otros cuerpos inhumanos,
cuerpos que iban a formarse algún día, pero que por algo
quedaron incompletos.
Durante muchos años fui esos cuerpos incompletos suspendidos en el vacío,
algo más que manos y pies,
lo que la naturaleza abandonó en el olvido.
Tres poemas de la poeta siria Widad Nabi
Tú tocas el duro metal
del autobús, aquí,
y brota un narciso
en el pomo de hierro
de la puerta de tu casa, allá.
Así son de leales los hogares
con los dueños que los abandonan.
CINCO POEMAS de Aisha al-Saifi
Mi rostro es un poema esta noche,
por eso prefiero no amarte.
La noche evoca en mis pulmones
el recuerdo de todos los que me ahogaron con la tristeza de un país lejano.
Prefiero no verte mañana
porque esta noche vendrán todas las mujeres que te lloraron,
y lamentarán sus penas infinitas.
Mi rostro tomará la forma de todas las mujeres que reventaron
por tus engaños;
vendrán ellas y se convertirán en mi aliento,
mi voz
y mis ojos.
Si la poesía me inspirase,
la tristeza se apagaría en mi boca,
escribiría sus angustias,
sus heridas,
sus largas noches de lágrimas
y el miedo,
esbozaría la imagen del anhelo en sus rostros,
la voz perdida de sus bellas canciones,
el parpadeo de sus ojos cuando me palmean la espalda
y cantan los imposibles sueños en presencia de la muerte.
Y cuando levantan las copas del llanto y me saludan:
“Escribe,










